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Después de la desaparición de Santiago, su familia “pasó hambre”. Además, la testigo
tuvo que dejar a sus hijas pequeñas solas para poder buscar a su hijo desaparecido.
Sus hijas mayores la acompañaban en su búsqueda y la apoyaron “con los pasajes y
para dar de comer a [su]s cuatro hijos pequeños”. Su hija Mónica tuvo que pedir
permiso en el colegio.
A los tres meses de la desaparición de su hijo apareció en la puerta de su casa una
bebé envuelta en una frazada con una nota que decía que la testigo era su abuela y
que su mamá no tenía como mantenerla. La madre de Ana María nunca apareció. Hoy
la niña tiene trece años de edad, se llama Ana María Gómez Guevara y es hija de
Santiago, fruto de una relación anterior a la que mantuvo con Liliana. Se le ha dicho
que su papá está de viaje, pero que no se sabe dónde.
Hace dos años, “de derechos humanos” le avisaron que su hijo estaba enterrado en la
playa La Chira; sin embargo, nunca lo encontraron. La testigo piensa que “en medio
de las rocas hay un hueco grande y que lo han aventado ahí”. Después de esto, fue a
la Fiscalía y declaró a su hijo como desaparecido. Sigue buscándolo, porque puede
estar “vivo por ahí”.
Aún hoy todos los miembros de su familia sufren mucho y lloran por el cariño de
Santiago. La testigo afirma que sólo podrá tener tranquilidad teniendo el cuerpo de su
hijo y pide que se haga justicia.
b)
Testimonio de la señora Esmila Liliana Conislla Cárdenas, conviviente del
señor Santiago Gómez Palomino.
Tiene 33 años de edad y vive en Chorrillos, Lima. Conoció a Santiago Gómez Palomino
el segundo domingo de mayo de 1992 cuando visitaba la ciudad de Lima. En ese
viaje, la señora Victoria Margarita Palomino Buitrón, madre de Santiago, le ofreció su
casa para que se quedara trabajando en la ciudad. La testigo aceptó y luego de cierto
tiempo regresó a Lima, para alojarse en esa casa. Allí volvió a ver a Santiago Gómez
Palomino.
En ese momento la testigo tenía un hijo de cinco o seis meses de nacido y estaba en
busca de trabajo. Santiago la “enamoraba, lo cual no le gustó a la familia, porque
[ella] tenía problemas con el padre de [su] hijo”. Por ello, la testigo salió de la casa de
la señora Victoria Margarita, para irse a vivir con Santiago Gómez Palomino en la casa
de una prima de éste, María Elsa Chipana Flores, ubicada en Chorrillos. Santiago le
consiguió un trabajo de empleada doméstica frente al lugar donde él trabajaba como
jardinero, y todos los días la acompañaba al trabajo y la recogía de regreso a casa.
A los ocho días de vivir en casa de María Elsa Chipana Flores, alrededor de la una de la
mañana, los despertó un ruido, al parecer producido por algo que había caído en la
cocina, por lo que la testigo pensó que se trataba de un robo. Posteriormente, un
golpe fuerte tiró abajo la puerta de la casa e ingresaron varias personas con una
linterna potente y los rostros cubiertos. Agarraron a Santiago de la cabeza, lo
arrojaron al piso y lo apuntaron con un arma larga diciéndole que no gritara; otro
apuntó a la testigo ordenándole que se volteara y que no gritara, amenazándola con
hacerla desaparecer, le ataron las manos y su bebé quedó sobre la cama. La testigo
recuerda como golpearon e insultaron a Santiago y le preguntaron por nombres de
personas que no conocía. Posteriormente, les pidieron a todos sus documentos de
identificación, los cuales tomaron del pantalón de Santiago y del bolso de la testigo.
Santiago les dijo a quienes lo interrogaron que era “israelita”, pero solo recibió más
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