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10.
En la audiencia pública sobre reparaciones, de 28-29 de noviembre de 2001,
ante esta Corte, en el presente caso Bámaca Velásquez, se resaltó la proyección en el
tiempo del sufrimiento de la viuda de la víctima, Sra. Jennifer Harbury. Ella propia
declaró que desde lo ocurrido, hace una década (en 1992), con su esposo, hasta la
fecha, la "realidad muy dura" de los hechos le ha despertado "pesadillas" constantes, le
ha hecho escuchar "gritos en la noche" (imaginando su esposo "quemándose o
suplicando ayuda"), que se han transformado para ella en "un estado permanente",
que, - agregó, - "va conmigo a mi fosa"20. De estar su esposo por tantos años
desaparecido, - acrecentó, - "tengo la necesidad de tenerlo en los brazos (...) y meterlo
en su fosa (...), dejar en su ataúd con cariño, (...) necesito tenerlo (...) en mis brazos
una vez más"21.
11.
En mi Voto Razonado en el caso paradigmático de los "Niños de la Calle"
(Villagrán Morales y Otros versus Guatemala, reparaciones, 2001), subrayé la
importancia, para un tribunal internacional de derechos humanos, de tener presente la
intensidad del sufrimiento humano, e inclusive el impacto de este en todo el medio
social, en los siguientes términos:
"(...) Aunque los responsables por el orden establecido no se den cuenta,
el sufrimiento de los excluídos se proyecta ineluctablemente sobre todo el cuerpo
social. (...) El sufrimiento humano tiene una dimensión tanto personal como
social. Así, el daño causado a cada ser humano, por más humilde que sea, afecta
a la propia comunidad como un todo. (...) Las víctimas se multiplican en las
personas de los familiares inmediatos sobrevivientes, quienes, además, son
forzados a convivir con el suplicio del silencio, de la indiferencia y del olvido de los
demás" (párr. 22).
12.
El sufrimiento humano, además, se proyecta en el tiempo, como lo ha valorado
la Corte en la presente Sentencia en el caso Bámaca Velásquez, para los efectos de las
reparaciones, al tener en mente un peritaje según el cual "la desaparición forzada de
una persona ocasiona un profundo impacto psicológico en sus familiares (...). El dolor
no se pierde nunca, y a pesar del transcurso del tiempo cualquier mínima cosa que
recuerde al desaparecido (...) es suficiente para descargar de nuevo absolutamente todo
el sufrimiento previo" (párr. 21). El peritaje agregó que hay "testimonios de
sobrevivientes de otras situaciones que después de 50 años todavía recuerdan y todavía
les duele lo que pasó, o se vuelven a se les caer lágrimas de pensarlo"22.
13.
La dignidad humana encuentra expresión también en el respeto a los restos
mortales de los que ya traspasaron el límite extremo de la vida. La indiferencia en
cuanto al destino humano (y todo el simbolismo que circunda a éste) es una forma de
violar el derecho a la dignidad. Al respecto, Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz en 1986,
ha señalado con lucidez que "los dos grandes misterios - el nacimiento y la muerte - son
lo que todos los seres humanos tienen en común. Sólo el recorrido es diferente. Y cabe
a nosotros humanizarlo. (...) Si hay una palabra que define e ilustra el temor de
20
. CtIADH, Transcripción de la Audiencia Pública sobre Reparaciones en el Caso Bámaca Velásquez de 2829 de Noviembre de 2001, pp. 19 y 21-22, y cf. p. 113 (circulación interna).
21
. Ibid., p. 26.
22
. CtIADH, Transcripción de la Audiencia Pública..., op. cit. supra n. (19), p. 117.