IV. El caso Lhaka Honat
12.
En el presente caso también se pudo realizar un análisis como el que propuse
para los casos de ANCEJUB-SUNAT y Hernández. De la sentencia se desprende que las
violaciones a los derechos al medio ambiente sano, a la alimentación adecuada, al
acceso al agua y a la identidad cultural fueron resultado, principalmente, de las
actividades que criollos realizaron sobre el territorio, con la complicidad del Estado de
la República Argentina tanto en su aspecto federal como por la Provincia de Salta, lo
cual tuvo como efecto que las comunidades indígenas no pudieran gozar de dicho
territorio libre de interferencia. Estas actividades incluyeron la presencia de personas y
la realización de acciones como explotación de ganado a campo abierto y la presencia
de alambrados. También se constataron actos de tala ilegal. El impacto fue probado:
existió afectación de la flora y la fauna silvestre (que contribuye en la dieta proteica de
las comunidades), en el abastecimiento y la calidad del agua que requieren para su
subsistencia, en la degradación bio socioeconómica resultado de la actividad forestal, y
en la presencia de alambrados que cortaron el acceso al río y el monte. Es así que se
acreditó la existencia de un nexo causal entre las actividades de los criollos en los
territorios de las comunidades y la violación de los derechos de los pueblos indígenas a
participar en la vida cultural, al medio ambiente sano, a la alimentación adecuada y al
agua. En consecuencia, se declaró la responsabilidad internacional del Estado por la
violación a los artículos 26 y 1.1 de la Convención.
13.
En esencia comparto el desarrollo respecto al contenido sustantivo de los
derechos antes mencionados, y sin embargo voté en contra de la sentencia en lo que
se refiere a la declaración a la violación autónoma de estos derechos. Esto es porque al
igual que en los casos de ANCEJUB-SUNAT y Hernández, considero que la forma más
adecuada de analizar el caso habría sido a través de la tesis de la simultaneidad. En
ese sentido, no es procedente ni necesario declarar una violación autónoma y separada
del derecho a la vida cultural, al medio ambiente sano, a la alimentación adecuada y al
agua a partir del artículo 26 de la Convención 1. Lo pertinente habría sido realizar una
calificación como se dijera antes: declarar violación del artículo 21 en relación con el
artículo 26 y 1.1 de la Convención, con un análisis delimitado –y breve- de la
afectación de los derechos sociales antes mencionados como resultado del
incumplimiento del Estado de garantizar una tutela efectiva del derecho a la propiedad,
lo que ha permitido la presencia de terceros y el daño a otros derechos 2. Este tipo de
análisis también podría haber evitado acudir a la separación del análisis de la
propiedad comunitaria y otros derechos y en cambio subrayaría la interdependencia e
1
Cfr. Caso comunidades indígenas miembros de la asociación Lhaka Honhat (nuestra tierra) Vs. Argentina.
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 6 de febrero de 2020. Serie C No. 400, párrs. 92-185 y 186289. La Corte decidió hacer una separación por capítulos para analizar, por un lado, el derecho a la
propiedad comunitaria indígena, y por el otro, los derechos a la circulación y residencia, a un medio
ambiente sano, a una alimentación adecuada, al agua y a participar en la vida cultural.
2
Cfr. Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 31 de agosto de 2001. Serie C No. 79., párr. 149. La Corte ya había reconocido, desde sus
primeras sentencias en materia de propiedad comunal de las comunidades indígenas, que existe una
“estrecha relación que los indígenas mantienen con la tierra [la cual] debe ser reconocida y comprendida
como la base fundamental de sus culturas, su vida espiritual, su integridad y su supervivencia económica.
Para las comunidades indígenas la relación con la tierra no es meramente una cuestión de posesión y
producción sino un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente, inclusive para preservar
su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras.” La separación del análisis de la violación de
derechos, que la Sentencia realiza, pareciera ir en contra de la lógica y el espíritu de reconocer el valor que
tiene el reconocimiento y protección de la propiedad comunal de las comunidades indígenas.