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regresaron al municipio134, donde enfrentaron serias dificultades para residir, dado que la
mayoría de sus familiares no los querían recibir por temor a sufrir represalias135. El único
familiar que les brindó ayuda fue el padre de Marta Rodríguez Quex136, quien les ofreció
habitación y alimentación en la aldea de Xejuyú, ubicada aproximadamente a ocho
kilómetros de San Martín Jilotepeque, donde vivieron hasta que se dieron nuevos actos de
violencia137. Intentaron reconstruir su casa en el municipio y habitarla, pero no pudieron
permanecer, ya que había un contexto de estigmatización por parte de los vecinos138.
Mientras tanto Encarnación Chitay, como hijo mayor con 15 años de edad, se quedó en la
Ciudad de Guatemala trabajando, donde fue objeto de persecuciones139, no regresó a San
Martín Jilotepeque porque consideraba que “[lo] mata[rían]” y no tuvo contacto con su
familia por aproximadamente cinco años y medio140. Pedro y Eliseo no pudieron convivir por
mucho tiempo con su madre en su lugar de origen, ya que también con posterioridad
tuvieron que trasladarse a la ciudad capital. En el año de 1983 Pedro Chitay ingresó becado
a un internado para estudiar141, mientras que Eliseo Chitay se trasladó para ayudar a su tía
que le pagaba sus estudios, pero después de que ésta falleció se vio en la necesidad de
regresar al Municipio de San Martín Jilotepeque y se dedicó a trabajar para ayudar a su
familia142. La familia Chitay Rodríguez nunca volvió a radicar de forma definitiva y continua
en su comunidad.
134. Los familiares de Florencio Chitay no pudieron regresar a vivir en su casa de San
Martín Jilotepeque de forma permanente143. Actualmente María Rosaura vive en España144;
Eliseo y Estermerio en Estados Unidos145, y Pedro146 y Encarnación147 viven en Guatemala.
134
Al respecto señaló que “nos quedamos en la ciudad aproximadamente 2 meses”. Cfr. Declaración de Pedro
Chitay Rodríguez, supra nota 55.
135
Testimonio Pedro Chitay Rodríguez, supra nota 56, f. 83.
136
Cfr. Testimonio Eliseo Chitay Rodríguez, supra nota 57; testimonio de Amada Rodríguez Quex rendido
ante fedatario público el 19 de abril de 2007 (anexos a la demanda, anexo 1, f. 92); declaración de Pedro Chitay
Rodríguez, supra nota 55; declaración de Encarnación Chitay Rodríguez, supra nota 58, y declaración de Estemerio
Chitay Rodríguez, supra nota 131.
137
Cfr. Testimonio de Gabriel Augusto Guerra, supra nota 58, y declaración de Pedro Chitay Rodríguez, supra
nota 55.
138
Declaración de Pedro Chitay, supra nota 55, en la cual manifestó “[f]uimos objeto de persecución de ahí
en adelante la casa que teníamos en el municipio no la pudimos habitar porque los vecinos hablaban mal de mi
padre, creían que todo lo que mucha gente decía, que saber en qué estaba metido y que por eso le había pasado lo
que le había pasado.”
139
Testimonio de Encarnación Chitay Rodríguez, supra nota 57, f. 78; testimonio de Pedro Chitay Rodríguez,
supra nota 56, f. 83, y testimonio de Amada Rodríguez Quex, supra nota 136.
140
Declaración de Encarnación Chitay Rodríguez, supra nota 58.
141
Cfr. Declaración de Pedro Chitay Rodríguez, supra nota 55.
142
Cfr. Testimonios de Eliseo y María Rosaura, ambos Chitay Rodríguez, supra nota 57, fs. 86 y 89, y
declaración de Pedro Chitay Rodríguez, supra nota 55.
143
En cuanto a la imposibilidad de regresar a San Martín de forma permanente, Encarnación Chitay indicó
que “si […] regresaba a San Martín [le] mataban” y que “es muy difícil que nosotros regresemos a San Martín […]
por la misma inseguridad” (Cfr. Declaración de Encarnación Chitay Rodríguez, supra nota 58). Al respecto, Pedro
Chitay manifestó que a consecuencia de los hechos “con [sus] hermanos le agarra[ron] un terror al uniforme de los
del ejército” y que se “sent[ían] con miedo ahora que regres[aban] a Guatemala [desde Costa Rica].” Cfr.
Declaración de Pedro Chitay Rodríguez, supra nota 55.
144
Cfr. Declaración de Pedro Chitay Rodríguez, supra nota 55.