14
48.
Del análisis de los referidos documentos se desprende un número importante de
denuncias de tortura y tratos crueles, inhumanos o degradantes (entre otras denuncias de
violaciones a derechos humanos) ocurridas en instituciones militares peruanas. El espacio
temporal abarcado por dichos informes comprende el período entre 1998 y 2010. La
explicación para ese fenómeno, de acuerdo con la prueba aportada, se concentra en una
interpretación errónea de la disciplina y de la jerarquía militar, por ejemplo, mediante la
aplicación de maltratos físicos y psicológicos por incumplimiento de una orden 23.
49.
En particular, la Corte destaca la siguiente información contenida en el Informe
Defensorial No. 42, publicado por la Defensoría del Pueblo en el año 2002, el cual
documentó 118 casos de tortura y tratos crueles inhumanos o degradantes en instalaciones
militares durante el período 1998-2002 24:
[…] cuando las torturas o tratos cueles, inhumanos o degradantes están
directamente vinculadas a la realización de actividades propias del servicio militar,
éstas se manifiestan en agresiones físicas, ejercicios físicos excesivos (muchos de
ellos considerados manifestación de la potestad disciplinaria) y maltratos
psicológicos. Debe señalarse que esta práctica se encontraría profundamente
arraigada y sería consustancial a la forma en que se viene prestando el servicio
militar; por ello, puede presumirse razonablemente que los casos conocidos por la
Defensoría del Pueblo no serían hechos aislados o excepcionales, sino ejemplos de
una situación extendida que podría estar afectando al conjunto de jóvenes que
realizan el servicio militar. […]
[…] las principales y más recurrentes formas de tortura y tratos crueles, inhumanos o
degradantes, [consisten en] golpes de puño y patadas en el abdomen, estómago,
vejiga, testículos y espalda (especialmente pulmones y riñones). Algunos testimonios
hacen referencia a jalones de orejas y en la parte inferior de la lengua. También son
frecuentes los golpes con la culata del fusil en la cabeza, espalda y piernas y en
algunos casos, sumersión en pozos de agua, golpes en los glúteos con varas de
metal, madera y goma. Finalmente, algunos reclutas han manifestado ser víctimas
de violación o maltratos sexuales.
Este tipo de torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, tendrían carácter
recurrente, al extremo de que son empleados como método de sanción y algunas de
sus modalidades son conocidas en el ámbito del servicio militar con nombre propio,
tales como la “piñata” (colgar al recluta y apalearlo), el “globo” o “globito” (obligar al
recluta a inflar las mejillas y golpearle el rostro), la ”gargantita” (presionar con los
dedos y jalar la parte exterior de la tráquea), el “cruce de dedos” (entrelazar y
presionar con fuerza los dedos de las manos del recluta), el “capullo” (juntar los
dedos de las manos del recluta y golpearlos con un objeto contundente hasta romper
las uñas); y el “pachiche” (parar de cabeza al recluta y golpearlo en los glúteos y la
espalda), entre otros.[…]
Algunos métodos y prácticas en el entrenamiento militar parecen estar orientados a
la humillación, el vejamen, el abuso y la arbitrariedad como medios para conseguir
determinados resultados en la formación de los reclutas. Esta “cultura” se trasmite
de grupo en grupo a través del tiempo, siendo los más antiguos los encargados de
trasmitirla a los más jóvenes con sus propias actitudes y comportamientos y luego
éstos, a los que recién ingresan a la tropa.
De este modo, los casos de torturas, tratos crueles, inhumanos o degradantes
manifestados en las relaciones entre superiores y subordinados, mediante la agresión
física cuando se pretende castigar, el insulto con finalidad persuasiva y la exagerada
23
Cfr. Informe No. 007-2013-DP/ADHPD “Propuestas para el fortalecimiento del servicio militar voluntario”,
2013, Adjuntía para los Derechos Humanos y Personas con Discapacidad de la Defensoría del Pueblo de Perú
(expediente de prueba, folio 2833)
24
Informe Defensorial No. 42, expediente de prueba, folios 177 a 181.