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Con dinero prestado pudieron sepultar a su hermano. Hasta hace un año y medio su
madre pudo terminar de pagar dicho préstamo. Visita regularmente la tumba de su
hermano pero su madre no lo hace porque le afecta. Ninguna reparación económica
podrá aliviar el sentimiento de dolor de su familia.
Ni la testigo ni su familia han hecho gestiones ante las autoridades de Guatemala
para que se investiguen los hechos en que perdió la vida su hermano y se sancione a
los responsables, ni para que las autoridades provean algún apoyo de carácter
económico, médico o social a su madre, porque no hay programas para eso.
d)
Testimonio de Marta Isabel Túnchez Palencia, madre de Federico
Clemente Figueroa Túnchez
Tiene dos hijas más, Guadalupe Concepción Figueroa Túnchez, de 45 años de edad,
quien “arregla papeles de carro”, y Zorayda Izabel Figueroa Túnchez, de 32 años de
edad, quien trabaja en una panadería. Vive con esta última, quien tiene dos hijas.
Federico Clemente cuidaba a una de sus sobrinas, de nombre Alejandra Isabel. Él
era el segundo hijo y mantuvo con ellas una buena relación, incluso le ayudaba a sus
hermanas con los materiales para sus estudios.
Mantuvo una buena relación madre-hijo con Federico Clemente. Su esposo la
golpeaba y cuando Federico Clemente intervenía también lo golpeaba. Por eso
Federico Clemente se iba de la casa unos días y luego regresaba. Su hijo comenzó a
vivir en la calle a los nueve años por períodos de tiempo irregulares. Federico
Clemente trabajó desde los ocho años. Hacía pulseritas típicas y llaveros para
vender. Trabajó también descargando camiones de “piedrín” y arena, limpiando
casas, carros y vidrios y lustrando zapatos; aprendió a leer pero nunca fue a la
escuela. Le ayudaba económicamente y con alimentos a la testigo, lo cual
representaba un aporte importante para la familia.
Un día su Federico Clemente ya no volvió y a los ocho días fue a buscarlo, hasta que
finalmente en el gabinete de identificación le mostraron fotografías de su hijo
muerto, sin ojos y con la boca abierta. Cuando se enteró de lo ocurrido, no lo podía
creer y no salía de su casa; se enfermó, se le subió la presión, le dio un derrame y
llegó a pesar 105 libras. Su esposo también se enfermó cuando ya no vio llegar a su
hijo y murió de un infarto, después de la muerte de Federico Clemente. Siente que
su hijo todavía está vivo y aún se pregunta ¿qué fue lo que le sucedió?
Con ayuda de sus amistades pudo arreglar el velorio del joven. Ninguna autoridad
del Estado le explicó lo sucedido o le ayudó con la sepultura. La testigo siente que
de las hermanas de Federico Clemente, la más afectada por su muerte es Zorayda.
La testigo recibió amenazas. Un día por la noche, dos hombres la buscaron en su
casa y, con una actitud de amenaza, le dijeron que no fuera a declarar al juzgado.
Por eso se fue a vivir a otro lugar. A los dos meses, cerca de las dos de la
madrugada la fueron a buscar otros tres hombres encapuchados en una camioneta
negra; se la llevaron en el carro y le pidieron que no declarara nada en ningún
juzgado. Cuando reclamó, la golpearon y la cortaron en un dedo. Vivió con su madre
un tiempo. Hace un año la volvieron a buscar dos hombres, pero ella no los vio.
Hace dos años, le lanzaron desde un carro un objeto encendido que le provocó
quemaduras en la parte anterior de su tronco y en la muñeca. Aún se le hacen
llagas, pero no puede costear las medicinas. Debido a estas persecuciones se
escondió en muchos lugares y Casa Alianza no la podía encontrar. Tiene miedo de lo