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El incendio se produjo el viernes 11 de febrero de 2000. El jueves anterior le dijo a
su hijo que no iba a poder ir el sábado. “Pero […] el sábado lo enterr[ó].” Ella se
enteró del incendio por la televisión, la cual dijo que “el primer fallecido e[ra] Sergio
Vera”, pero su apellido era Vega. Se fue corriendo junto con su marido hasta la
cárcel donde le dijeron que su hijo estaba en el Instituto de Quemados. El director
del Instituto les dijo que su hijo no había muerto, que estaba en Areguá y que iba a
venir en seguida el taxi que les iba a llevar allá. Sin embargo, su hijo mayor fue al
Hospital y después les llamó para decirles que Sergio Daniel había sido el primer
fallecido. El doctor que le atendió puso en el papel “que murió intoxicado del humo”.
Después se fue para su casa a esperar el cuerpo de su hijo. Nunca recibió algún tipo
de explicación ni disculpa por parte del gobierno.
Quiere saber lo que sucedió en el incendio, ya que un muchacho que no murió le
comentó que todos estaban durmiendo y que cuando empezó el incendio pidieron
mucho auxilio. No sabe si había extinguidores para apagar el fuego. La llave de paso
estaba afuera, en el patio, pero esa noche no tuvieron agua. Dicho muchacho le dijo
que había sido “al propósito”.
Eso “es injusto, [ya que] todos somos seres
humanos.” Los guardias carcelarios no están preparados en su país. Para serlo
deberían “ser psicólogo[s]”.
Toda su familia está muy herida. Lo que más sienten es que su hijo estuviera en el
Instituto por lesiones corporales leves y que no hubieran podido conseguir su
libertad. Sergio Daniel le decía que no le deseaba la cárcel ni a su peor enemigo.
Su hijo nunca le contó que lo torturaban; sin embargo, le decía que en la noche a
Sergio Daniel lo bajaban al sótano para torturar a los que fallaban; que les ataban
los pies y los ponían cabeza para abajo y así amanecían; así los dejaban toda la
noche. Un guardia dijo a la testigo, respecto de la disciplina, que “si hay en una
celda 50 y uno falla, a los 50 [los] castigo��.
Espera conseguir la justicia que no consiguió en su país. La justicia la quiere para
“todos los chicos que están viviendo ahora”, ya que perdió a su hijo. Los muchachos
que están vivos necesitan que “se les escuche, porque hay muchos niños que no
tienen ni visitas, ni nadie [que vaya] a verles, que su[s] [expedientes] nadie […] va
a mover. Porque hay madres que […] abandonan a sus hijos.” Quiere que “haya
justicia, que se cumpla[n] los derechos”.
c) Testimonio de Teofista Domínguez Riveros, madre de Sergio David Poletti
Domínguez, ex interno del Instituto fallecido
Es auxiliar en enfermería, tiene seis hijos y era madre de Sergio David Poletti
Domínguez, quien estaba por cumplir 16 años. Un día la policía llamó a su hijo para
que asistiera a una “averiguación” a la comisaría. De ahí fue directamente llevado al
Instituto, en donde estuvo desde marzo del 1999 hasta el 11 de febrero 2000,
cuando ocurrió el incendio. Su hijo estuvo internado sin que se hubiere emitido
sentencia condenatoria, y era inocente. Él tenía un abogado particular que lo
defendía antes y después de su muerte incluso.
Sergio David era “funcionario de ordenanza” del Correo Nacional de Asunción. Era
un chico bueno que siempre que cobraba su sueldo le llevaba regalos a su hermana,
porque ella era la que le lavaba.
Después de ser un chico bueno salió del