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consideraban “un esclavo que tenía que someterse al que elegía.” “Había menores de
edad que daba pena cómo lloraban porque los habían violado esa noche tres o cuatro
veces.” Estos menores violados necesitan un tratamiento psicológico y psiquiátrico
para superar el trauma. Por la noche se repliega la guardia y en los pabellones se
puede hacer lo que “les dé la gana.”
Es difícil que los internos denuncien cualquier situación, ya que existe una “ley del
silencio”, con base en la cual nadie ha visto ni oído nada, porque, de lo contrario,
saben que serán castigados. Ha visto y ha escuchado por parte de los internos que
han sido objeto de torturas o malos tratos por parte de los guardias carcelarios. Sin
embargo, los internos no quieren dar nombres.
Los guardias vendían droga a los jóvenes del Instituto. La imagen de los celadores
es muy mala, ya que son personas que no se han podido colocar en otro lado. La
mayor parte de ellos no tiene ni la educación primaria terminada. Entonces, para
hacerse respetar, “la disciplina es el palo, nada más.”
Las condiciones de detención en el Instituto eran totalmente indignas e inadecuadas.
“Les estamos educando para el uso de la libertad y les metemos en un sitio donde no
se hace uso de la libertad; les estamos educando para que el día de mañana sean
útiles y les estamos tres o cuatro años fomentando la ociosidad, porque están
ociosos todo el día.” Era reeducación hacia el delito, ya que el índice de reincidencia
era muy alto. El efecto que dichas condiciones de detención ocasionaban a los
internos del Instituto era el rechazo a la sociedad, ya que se les trataba como a
“fieras”.
Dentro de la cárcel no se les puede capacitar en un oficio. No existían las
condiciones para la educación y no había estímulos. No había locales, pupitres,
sillas, cuadernos, lápices ni bolígrafos. El número de maestros no era el adecuado.
Normalmente no hay dinero para comer, menos para comprar una computadora.
Hay mucha podredumbre en el Instituto; sin embargo, también hay gente buena y
honesta. Por otro lado, se lleva un libro de registros de los abogados defensores que
van a visitar a los internos. Normalmente son pocos abogados, algunos son
estupendos, pero muchos son descuidados e ineficientes. Un problema es que
actualmente son seis meses lo que se toma de investigación del hecho, es decir, se
está seis meses en la cárcel, seas inocente o culpable.
Después de los incendios, algunos menores fueron trasladados a Tacumbú, pero no
estuvieron por mucho tiempo, ya que fue provisional. Sin embargo, no estaban
separados de los adultos porque no había lugar.
Hay niños de la calle que no han tenido familia y da pena ver su ficha: “nombre del
padre: ignora”, “nombre del padre: desconocido”; es tremendo.
Una de las medidas que podría tomar la Corte para que los muchachos que
estuvieron internos en el Instituto puedan realmente reinsertarse en la sociedad
paraguaya es simplemente que se cumplan las leyes, ya que no se cumple
absolutamente ninguna. También es esencial el “tratamiento y el seguimiento”. Por
otro lado, es necesario ampliar y desarrollar el Código de la Niñez y la Adolescencia.
f) Testimonio de María Zulia Giménez González, periodista y abogada