denuncias. Interpuso un recurso ante los tribunales del Estado Vargas, el cual fue
declarado improcedente el 28 de enero de 2000, ya que supuestamente no había
materia sobre la cual pronunciarse.
Durante seis años la testigo ha estado buscando a su esposo y en dicho lapso
ninguna autoridad o funcionario le ha dado información útil que le permita hallarlo.
Las vidas de la testigo y de sus hijos han cambiado a partir de la desaparición de su
esposo, quien los mantenía económicamente.
Oscar José Blanco Romero era
“molero, vendía comida y tenía un pequeño taller donde arreglaba artefactos
eléctricos.” Tuvo dos hijos con Oscar José Blanco Romero y crió a dos sobrinos
desde que eran muy pequeños, por lo cual también los considera como hijos suyos.
Sus hijos mayores le ayudan en un establecimiento de comidas que es su única
fuente de ingreso, mientras que uno de sus hijos menores presenta problemas
escolares debido al trauma ocasionado por la desaparición de su padre. Otra de sus
hijas es una destacada atleta y, debido a la ausencia de su padre, cada vez que
asiste a competencias internacionales se ve en la imperiosa necesidad de tramitar un
permiso ante los tribunales para que su hija pueda salir del país, ya que ésta es
menor de edad y requiere de la autorización de sus padres. Su hijo Edwar recuerda
todo lo que le sucedió a su papá y está recibiendo ayuda psicológica por parte de
COFAVIC.
La testigo y sus hijos esperan el regreso de Oscar. La ausencia de esclarecimiento
de los hechos los entristece mucho y están esperando conseguir justicia y saber por
qué desaparecieron a Oscar.
2.
Nélida Josefina Fernández Pelicie, madre de José Francisco
Rivas Fernández
Relató los hechos ocurridos el 29 de diciembre de 1999 en los cuales su hijo fue
detenido por militares, golpeado y desaparecido. Entre ella, su esposo y otro de sus
hijos intentaron contener a los militares para que no lo siguieran golpeando. Escuchó
cuando un militar le decía a otro que lo mataran, que se trataba de un "perro". La
familia Rivas Fernández hizo todo lo posible para que no se lo llevaran los militares;
sin embargo, aquél fue despojado de sus zapatos, lo amordazaron y se lo llevaron.
La familia de José Francisco Rivas pasó el día siguiente buscándolo en otros barrios,
entre el fango, hospitales, cárceles o en centros militares. En uno de éstos le
informaron que su hijo había sido entregado a la DISIP.
No obstante, este
organismo le informaba que no contaba con registros acerca de la detención de dicha
persona.
Su hijo la apoyaba económicamente y se dedicaba a hacer pequeños trabajos de
albañilería, pintura y cosas que le pidieran hacer por el barrio.
Ha sido ayudada en la búsqueda de su hijo por la Vicaría y COFAVIC, quienes
también le han brindado ayuda psiquiátrica, a pesar de que los gastos de medicinas
los cubre ella. Continúa en búsqueda de su hijo y tiene la esperanza de encontrarlo.
Desea recuperar “aunque sea un botón de la camisa, un dedo de la mano, los
dientes, algo que quede”. Anhela por lo menos tener la oportunidad de enterrar a su
hijo y tener un lugar donde ponerle flores o una vela. Reclama que no se hayan
realizado investigaciones de la desaparición de su hijo. A raíz de la desaparición de
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