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obligación es inmediata y terminante. No admite excusa ni demora. Otras pueden
cumplirse en determinado plazo, siempre con diligencia, mediante acciones
sucesivas; producirán resultados graduales, paulatinos. Lo entiendo, por las
características de estas otras medidas. Pero no podrá haber espera alguna en la
tutela de la vida y la integridad. Este deber no acepta cumplimiento progresivo.
10. Ahora bien, ya que se había señalado esa obligación perentoria, podíamos
ingresar --sin solución de continuidad, por supuesto-- en la adopción de otras
medidas, consecuentes con nuestra preocupación compartida: medidas más
complejas, que debidamente unidas y bien desarrolladas permitieran establecer un
horizonte digno para la función penitenciaria en Mendoza --pero no sólo en
Mendoza-y emprender, con tal designio, acciones enérgicas, razonables y
eficientes. Si se trata de ir al fondo de los problemas, con soluciones realmente
profundas, es preciso repensar, replantear, el tema de las prisiones e iniciar una
nueva etapa en esta historia deplorable. De ahí mi segundo señalamiento --una vez
establecida la tutela inmediata de la vida y la integridad de las personas-- en una
conclusión relativamente amplia y con una invitación formulada desde mi antigua
experiencia como funcionario penitenciario, que me demostró que es posible,
absolutamente posible, establecer nuevas condiciones de vida en prisión, mientras
llega el momento de que ésta desaparezca.
11. Señalé --y lo transcribo, porque este es el sentido de mi Voto concurrente, la
razón de mi sufragio, la forma que tengo de entender y sostener la resolución de la
Corte-- que “el drama carcelario no es un drama de Mendoza o de Argentina, ni
siquiera un drama de América Latina; es un problema universal que reviste
características específicas en distintos países y en diversos continentes, (y) debiera
preocupar --mucho, por cierto-- a todas las mujeres y los hombres en el mundo
entero.
12. A “veces, de profundas crisis --como la que hemos contemplado en estas
prisiones—pueden surgir iniciativas y remedios valiosos. Argentina ha sido, por lo
demás, un país de avanzada en muchas iniciativas plausibles. Aunque se trate de un
asunto de otro orden, estaba yo pensando en que hace muchos años ante una grave
tensión estudiantil, una ciudad argentina generó las condiciones para una magna
reforma universitaria que se expandió por (…) América Latina.
13. “¿Por qué no pensar que esta crisis carcelaria (…) tan profunda, que Argentina
comparte con otros países, puede dar lugar a una también profunda reforma
penitenciaria? ¿Por qué no pensar, con gran ambición --y quizá con visión-- que a
partir de la experiencia que aquí estamos viviendo y compartiendo, se puede generar
una iniciativa plausible que agite las conciencias en toda América, como alguna vez
las agitaron los estudiantes argentinos; que recupere el viejo espíritu penitenciarista
de la Argentina, el espíritu de José Ingenieros, y que introduzca, establezca, caminos
de renovación para las cárceles de América?
14. “Afortunadamente
--añadí-aquí no se ha propuesto solamente erigir
pabellones y mejorar las condiciones físicas de las cárceles. Sería quizá importante,
pero decepcionante, que conviniésemos en construir una nueva prisión. ¡Tenemos
que convenir en construir la nueva prisión mientras llega el momento de abolir la
prisión!
15. “Se ha dicho, y convengo, que hay que establecer un sistema penitenciario. Esto
implica más que piedras y ladrillos. Implica un espíritu, un espíritu del Estado, un