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b) el señor Tito Ibsen “consiguió un trabajo en una empresa […] y cuando [iba] a
oficializar su regencia (responsabilidad profesional de la empresa ante el Gobierno)
[…] el SENASAG no le entregó tal certificación en más de 25 días[,] cuando la norma
dice 48 horas”. Posteriormente, el Gerente de dicha empresa habría explicado a Tito
Ibsen que le llamaron tres clientes quienes “lo amenazaron con no comprarle
productos si Tito Ibsen seguía trabajando allí, de esa forma la empresa entonces
concluyo [su] trabajo”, siendo que nadie excepto el SENASAG tenía conocimiento del
trabajo de Tito Ibsen;
c) ha habido una ‘‘actitud de intentar cobrar multas inexistentes a través del Servicio
de Impuestos por años atrasados, mayores a 5 años cuando éstos aún si tuviesen
razón ya han prescrito’’;
d) se dio una ‘‘persecución a través del Colegio de Veterinarios de La Paz”;
e) se realizó una ‘‘visita del Director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Relaciones
Exteriores al Fiscal de Distrito de La Paz para presionar en contra de la familia
Ibsen’’;
f) la existencia de un ‘‘intento de atentado en el Club Bolívar, y en otra oficina de la
calle 19 de Obrajes’’;
g) recibieron ‘‘amenazas de atentado contra Rebeca Ibsen, de teléfonos para que no
asista a la […] audiencia de Juicio”;
h) funcionarios del Ministerio Público “iniciaron una campaña de amenazas,
amedrentamiento y desprestigio, hostil y abusivo, en contra de los miembros de la
familia Ibsen”. Sobre este punto, indicaron como ejemplo que dichos funcionarios
habían sostenido que existieron “supuestas agresiones [que] la familia Ibsen
[realizó] contra funcionarios públicos” durante el proceso de identificación de los
restos exhumados en octubre de 2012;
i) funcionarios del Ministerio Público “en varias ocasiones han vertido expresiones de
amenaza con procesa[r] judicialmente y declara[r] incompetentes a los miembros de
la familia Ibsen” e incluso a su abogado. En específico, “se ha citado a la señora
Rebeca Ibsen para hacerle estudios psicológicos con la intención de inhabilitarla
como persona en el presente proceso, incluso tratando de incluir asimismo al señor
Tito Ibsen”. Debido a estas alegadas expresiones de amenaza es que “la familia
Ibsen ya no realiza seguimiento de los cuadernos de investigaciones de los procesos
en La Paz y Santa Cruz’’;
j) el Estado, por más de dos años, “ha obstaculizado manifiestamente no sólo la
búsqueda efectiva de los restos óseos sino también la realización efectiva de los
análisis genéticos”. En específico, señalaron que las exhumaciones en octubre de
2012 en el cementerio clandestino de La Madre fueron realizadas por técnicos del
Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) bajo la dirección de la Fiscal de Materia
de dicho caso, y no así por el Consejo Interinstitucional para el Esclarecimiento de
las Desapariciones Forzadas (CIEDEF), “que es la institución técnica-especializada
encargada de realizar dichas exhumaciones”. Asimismo, “el tratamiento y manejo de
los restos óseos sufrió un evidente manoseo”, “una exposición pública de los restos
en el hall de la Fiscalía” y “una falta de adecuado traslado e identificación de los
mismos”. Igualmente, existieron “omisiones y negligencias en las que incurrieron
funcionarios públicos al tratar de obtener datos bioantropológicos” durante el proceso
de identificación de restos, y
k) el seguro médico no ha sido implementado de forma integral y mucho menos se
goza de servicio efectivo en forma material pues sólo se garantizó la ejecución del
mismo hasta finales del año 2013, y luego se cambió el convenio inicial a solo un
acuerdo de partes entre el Ministerio de Salud y la Caja Petrolera sin tenerse en
cuenta a la parte interesada que es la familia Ibsen.