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de la CIJP que realizaban actividades en Putumayo se vieron obligados a retirarse
de la zona debido a las amenazas y hostigamientos recibidos. Asimismo, debido a
las amenazas, los equipos de la organización que se encuentran en las diferentes
regiones del país no pueden quedarse por períodos prolongados, razón por la cual
tienen que rotar el personal;
g)
sobre el tercer punto, la CIJP refirió que el DAS ha realizado “montajes
judiciales” y ha gestionado la apertura de investigaciones judiciales contra sus
miembros con el fin de obstaculizar su trabajo. Al respecto, actualmente existen al
menos tres investigaciones abiertas en contra de miembros de la referida
organización por los delitos de “asonada”, “falsedad” y “amenazas”;
h)
respecto al cuarto punto, según la CIJP, desde hace varios años se ha
implementado “una campaña de desprestigio” señalando a sus integrantes como
miembros de la guerrilla de las FARC y acusándolos de desplazar a comunidades
afrodescendientes del Bajo Atrato de Colombia y de pretender robarles sus
tierras. Dicha campaña se ha difundido por medios de comunicación masivos
como la radio, la televisión y el Internet, tanto a nivel nacional como
internacional, y algunos de sus voceros están o han estado vinculados con el
gobierno colombiano. Además, afirmaron que la referida campaña se intensificó a
partir del 18 de diciembre de 2009, cuando fueron asesinados los
afrodescendientes Manuel Moya, Graciano Blandón y su hijo en hechos
presuntamente atribuibles a la guerrilla de las FARC. La CIJP indicó que Danilo
Rueda y Abilio Peña, integrantes de la CIJP, el padre Javier Giraldo, director del
Banco de Datos del CINEP e Iván Cepeda, vocero del Movimiento Nacional de
Víctimas de Crímenes de Estado, han sido públicamente acusados como
“determinadores de[ tales] homicidio[s]”. Asimismo, el 22 de diciembre de 2009,
el Senador Víctor Velásquez, Presidente de la Comisión de Derechos Humanos del
Senado, manifestó que “los líderes afrodescendientes asesinados „denunciaron el
desplazamiento forzado del que fueron víctimas sus comunidades de la cuenca del
río Atrato en 1997 por las […] F[ARC], al parecer en contubernio con la ONG
Justicia y Paz‟”. Debido a la referida campaña de desacreditación, numerosos
grupos afrodescendientes de esas zonas, no representados por la CIJP, acusaron
públicamente a los miembros de ésta de colaborar con la guerrilla para la
eliminación de tales comunidades;
i)
según lo alegado por los integrantes de la CIJP, persiste la impunidad tanto
en las investigaciones en las que están sindicados como en las investigaciones de
las amenazas y hostigamientos que han sufrido. La CIJP sostuvo que subsisten los
señalamientos por parte de altas autoridades estatales y que el Estado no ha dado
una respuesta a la referida campaña de desprestigio. Finalmente, la CIJP sostuvo
que las amenazas, hostigamientos, señalamientos y seguimientos en su contra
“se inscriben en un contexto” que registra “avances en los procesos judiciales
„dirigidos a ocultar la verdad sobre las graves violaciones a los derechos humanos
y a la usurpación de tierras cometidos en el Bajo Atrato […]‟”. Así, consideraron
que, en tanto dichos procesos sigan avanzando, los riesgos de que actos similares
se materialicen son predecibles, y
j)
durante la reunión de trabajo en la cual se solicitaron las presentes
medidas, el Estado se opuso a las mismas con el fundamento de que había
procurado atender los reclamos de los beneficiarios y de protegerlos. En
particular, el Estado “[s]ostuvo que se han proporcionado esquemas de protección
duros para algunos de [los] miembros [de la CIJP] y medidas generales en