31 solicitó al juez se tenga por perdida a la demandada el derecho a producir la prueba confesional ofrecida156. 91. El 12 de febrero de 1998 el abogado solicitó que se designaran los peritos, los cuales fueron designados el 17 de febrero de 1998157 y el 2 de marzo de 1998 comparecieron, aceptando el cargo y prestando juramento158. Ese mismo día se recibió la primera prueba documental consistente en el informe remitido por el Club Ciudadela Norte 159. Por su parte, el 6 de marzo de 1998 la Escuela Técnica No. 4 informó sobre el desempeño escolar de Sebastián Furlan en los años lectivos anteriores y posteriores a su accidente 160. El 6 de abril de 1998 se recibió una constancia por parte de la Comisaría 45 de la Policía Federal Argentina, respecto de una de las detenciones sufridas reañizadas en contra de Sebastián Furlan con posterioridad al accidente161. 92. Entre el 19 y 20 de agosto de 1998 el juzgado recibió las declaraciones de cinco de los ocho testigos ofrecidos por el demandante 162. El 20 de agosto de 1998 el abogado desistió de los tres testigos restantes163. 156 Cfr. Escrito del apoderado de Sebastián Furlan de 23 de diciembre de 1999 (expediente de anexos al informe, tomo I, anexo 6, folio 480). 157 Cfr. Escrito del Juez Federal de 1ra. Instancia de 17 de febrero de 1998 (expediente de anexos al informe, tomo I, anexo 6, folio 237). 158 Cfr. Constancias emitidas por el Juez Federal de 1ra. Instancia de 2 de marzo de 1998 (expediente de anexos al informe, tomo I, anexo 6, folio 243). 159 Cfr. Escrito emitido por el Club Ciudadela Norte, folio 244. 160 Cfr. Escrito emitido por la Escuela de Educación Técnica No. 4, folio 249. 161 Cfr. Escrito emitido por la Comisaría 15 Policía Federal Argentina de 6 de abril de 1998 (expediente de anexos al informe, tomo I, anexo 6, folio 346). 162 Cfr. Acta del testimonio rendido por Leonardo Javier Occhiuzzi de 19 de agosto de 1998; acta del testimonio rendido por Rubén Guerrero de 19 de agosto de 1998; acta del testimonio rendido por Jorge Omar Praderio de 20 de agosto de 1998; acta del testimonio rendido por Osvaldo Roberto Sotomayor de 20 de agosto de 1998, y acta del testimonio rendido por Gabriel Osvaldo Lacasa de 20 de agosto de 1998 (expediente de anexos al informe, tomo I, anexo 6, folios 371 a 380). Acerca de las condiciones generales de Sebastián Furlan previas al accidente, sus vecinos y amigos fueron congruentes en señalar que él era un chico normal, deportista y que asistía a la escuela. En el testimonio presentado el 19 de agosto de 1998 por Leonardo Javier Occhiuzzi, “vecino y amigo”, consta “que [al momento del accidente Sebastián Furlan] era estudiante y practicaba deportes […] desarrollaba básquet”. No obstante señaló que Sebastián Furlan “estaba mal de ánimo al momento del accidente y el inmediatamente posterior”. El testigo Jorge Omar Pradeiro destacó que “antes [del accidente Sebastián] era un chico normal”. De igual forma Gabriel Osvaldo Lacasa estableció en su testimonio que “antes del accidente [Sebastián] jugaba a la pelota, al vóley, natación, hacía todos los deportes que podía hacer [y] además estudiaba”. Acerca de las consecuencias del accidente, los testigos describieron un cuadro general de deterioro de las funciones de Sebastián Furlan. El testigo Leonardo Javier Occhiuzzi dijo que al momento del testimonio Sebastián Furlan “[tenía] problemas motrices, de coordinación y problemas en el habla […] lo sab[ía] porque [era su] vecino” y “viv[ía] en frente de [su] casa”. Por su parte, el testigo Rubén Guerrero, relató que “se le nota[ba] cuando habla[ba] y camina[ba] que no e[ra] normal” y que justamente después del accidente “lo llevaba el padre agarrado, porque no podía caminar”. En similar sentido, se pronunció el testigo Jorge Omar Praderio al señalar que Sebastián Furlan “[tenía] dificultades en el habla, perd[ía] a veces la memoria, se [perdía] y el padre [tenía] que ir a buscarlo”. Dijo que al momento de la declaración Sebastián “esta[ba] muy mal, se da[ba] cuenta que no [podía] tener un trabajo bueno [y que] no e[ra] normal”. A su vez, el testigo Osvaldo Roberto Sotomayor declaró que Sebastián Furlan se encontró después del accidente “mal en todo momento, hasta ahora [..] no puede conseguir trabajo [y] no puede terminar los estudios”. De igual forma, el testigo Gabriel Osvaldo destacó que “después del accidente se iba, desaparecía y el padre tenía que ir a buscarlo por todo el barrio […] si veía a alguien [era] como que no lo reconocía”. También dijo que a la fecha de ese testimonio, “no lo ve[ía] bien, no p[odía] mantener una conversación, [y] que parec[ía] un nene de cuatro o cinco años”. 163 Cfr. Escrito del apoderado de Sebastián Furlan de 20 de agosto de 1998 (expediente de anexos al informe, tomo I, anexo 6, folio 381).

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