13
En ese momento, su hermana Haydée, quien tenía nueve meses de
embarazo, la llamó y le dijo que se estaba sintiendo mal y que estaba
sangrando. Ante esta situación, su mamá, sus hermanos Miguel Ángel y
Haydée y la testigo partieron hacia Emergencias del hospital San Juan, que
ahora se llama Daniel Alcides Carrión.
El hombre que había llegado a su casa a preguntar por su hermano Emilio los
siguió hasta el hospital junto con otro hombre. En el hospital, le dijeron a
Haydée que debía reposar, por lo que junto con Miguel Ángel regresaron a la
casa, mientras que la testigo y su madre fueron a buscar a sus hermanos
detenidos.
Se dirigieron a la Comisaría, que no estaba lejos, donde no les pudieron dar
razón de sus hermanos detenidos, ni les ayudaron a buscarlos.
La testigo y su madre regresaron por el mismo camino por el que habían
llegado a la Comisaría y se volvieron a encontrar con los hombres que las
habían seguido desde su casa. Éstos preguntaron a su madre, como ya lo
habían hecho a la salida de su casa, si no tenía un familiar varón “que pueda
[ella] pasarle la voz”, a lo cual le respondieron que no. El hombre siguió
insistiendo en su pregunta y la testigo y su madre lo increparon para que les
dijera lo que sabía sobre Rafael y Emilio.
En ese momento, Lucy se percató que estaban en frente de una funeraria, y
el hombre les dijo que Rafael y Emilio estaban heridos, que estaban en el
hospital y que él las podía llevar.
El hombre las condujo al hospital, en donde les comunicó que Rafael y Emilio
estaban muertos. Fueron hasta la sala donde estaban los cuerpos y vio que
estaban mojados, llenos de tierra, sucios. Su hermano Rafael “olía a orines”
y “tenía una expresión de dolor horrible”, ambos tenían los ojos vaciados,
había masa encefálica en sus cabellos, pudo ver que el pecho de su hermano
Rafael estaba lleno de agujeros, y ambos estaban sucios y llenos de tierra. En
ese momento, “s[intió] que [su] vida se caía a pedazos”.
Ambos cuerpos tenían un letrero que decía “NN [No Identificado], contextura
delgada, tez trigueña, edad aproximada” 24 años en el cartel de Emilio y 27
años en el de Rafael, “llegó cadáver”.
La testigo regresó a su casa, mientras su madre realizaba las gestiones para
que les devolvieran los cuerpos de Rafael y Emilio. Al llegar contó a sus
hermanos Haydée y Miguel Ángel lo sucedido, quienes se alteraron mucho al
escuchar la noticia, sobre todo Miguel Ángel, quien en ese momento tenía 8
años de edad.
En la noche vieron en la televisión un reportaje sobre los hechos, los cuales
fueron presentados como un enfrentamiento en el que habían muerto tres
“subversivos”: sus dos hermanos y un joven universitario que también había
estado por esa zona.
Después de los hechos, la DINCOTE citó a declarar a su madre y, además, fue
a su casa en un par de ocasiones, donde revisaron los cuartos de sus
hermanos, abrieron sus colchones y destrozaron los muebles de la familia.