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Su primo José Erasmo, que siempre fue como su hermano, también se vio muy afectado
por los hechos, ya que Ángel María le ayudaba económicamente, e incluso tuvo que
suspender un “curso de conducción” que él le pagaba.
Lo que la testigo y su familia piden a la Corte para tener un poco de tranquilidad es que se
castigue a los responsables del hecho, ya que “la impunidad lo[s] mantiene […] con un
dolor y una impotencia que no le[s] permite superar la pena”; que se les diga dónde están
los restos de las presuntas víctimas para hacerles un “mural, cruces” o alguna identificación
en el lugar en que se encuentren los cuerpos, o bien que les entreguen sus restos para
darles cristiana sepultura.
La testigo tuvo miedo de declarar por temor de que surjan represalias contra ella o contra
su familia.
b)
Testimonio de la señora Lina Noralba Navarro Flórez, sobrina de la
presunta víctima Antonio Flórez Contreras
La testigo tenía 13 años al momento de la desaparición de su tío Antonio. Vivía en Ocaña
con su madre, Margoth del Carmen Contreras, con su abuela, Librada Contreras y con su
tía, Torcoroma Flórez Contreras.
Antonio Flórez Contreras, su tío, quedó al frente de la casa después que murió su abuelo.
Antonio era muy trabajador y ayudaba con los gastos y necesidades de la casa. Aunque la
presunta víctima vivía con su compañera e hijos, siempre estuvo pendiente de su familia.
Antonio era muy cariñoso. Era como un padre para la testigo y también lo fue para su
madre.
Alrededor de diez días después de “desaparecido” Antonio, los tíos de la testigo, Salomón y
Jorge Flórez Contreras, fueron a buscarlo y una señora les dijo que “los había visto pasar”;
también les dijeron que tenían “dos horas para devolverse” o que de lo contrario “no
quedaban rastros de [ellos] por [ahí]”.
Ellos se devolvieron y el caso se reactivó
nuevamente por medio de ASFADDES.
Desde la “desaparición” de su tío todo cambió, la familia ya no tuvo apoyo afectivo y
económico. Pasaron muchas necesidades. La madre de la testigo tuvo que trabajar para
pagar los estudios de ésta y las necesidades de su abuela, Librada Contreras. Margoth del
Carmen, madre de la testigo, se volvió seria, ya que vivía con dolor, tristeza y
resentimiento, lo que contribuyó a su muerte a una edad tan temprana; ella tenía una muy
buena relación con Antonio. La señora Margoth del Carmen Contreras murió el 17 de agosto
de 1995 a los 39 años de edad.
La abuela de la testigo espera a Antonio todo el tiempo en la puerta. Dejó de salir de su
casa y mantiene un estado de zozobra y ansiedad, ya que no tiene noticias de su hijo.
Pregunta a las personas si tienen noticias de él y cuando le dicen que acepte que está
muerto, ella pregunta que dónde están sus restos. Habla cosas incoherentes, se desvela con
frecuencia y perdió el apetito.
Su tía, Torcoroma Flórez, se vio muy afectada por los hechos porque era la persona que
atendía a la presunta víctima y dependía de él económica y afectivamente. Ella se sentía
muy respaldada por él en el plano económico. Como no ha podido superar la desprotección
causada por la “desaparición” de su hermano, siente que cada día “se consume más”.
La testigo piensa que si su tío no hubiera sido “desaparecido”, ella habría podido estudiar