permitan su “goce”13, son, empero, distintos y particularmente, de desigual desarrollo en el
ámbito del Derecho Internacional Público, por lo que deben tener un tratamiento diferenciado,
que es precisamente lo que aquella hace en vista de lo que también indica su Preámbulo14.
20.
Entonces y al amparo del principio de buena fe, procede subrayar que de la
circunstancia de que en el Preámbulo de la Convención se afirma que la persona debe gozar
de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y
políticos, no se colige, como lo hace la Sentencia, que el efecto útil del artículo 26 sea que la
violación de los derechos a que alude son justiciables ante la Corte, sino que los Estados
adopten las providencias pertinentes para hacer progresivamente efectivos dichos derechos.
21.
Como una acotación adicional, resulta imperioso expresar que es sorprendente que la
Sentencia no se haya referido más extensamente, en parte alguna, a la buena fe como
elemento tan esencial como los otros que contempla el art.31.1 de la Convención de Viena
para la interpretación de los tratados. En el mismo sentido, es también insólito que no
suministre ninguna explicación acerca de la inclusión del artículo 26 en un capítulo separado
de los derechos políticos y civiles y, en particular, de cuál sería su razón de ser y su efecto
útil. La Sentencia no da respuesta alguna en lo que dice relación al motivo o razón de la
existencia del artículo 26 en tanto norma diferente a las previstas en cuanto a los derechos
civiles y políticos.
22.
En suma, entonces, la buena fe conduce a estimar al artículo 26 en su propio mérito,
lo que implica que debe ser interpretado, no como reconociendo derechos que no enumera ni
desarrolla, como se hace en autos, sino como remitiendo, para conocerlos, a normas distintas
a las de la Convención, como son las de la Carta de la OEA y que, por ende, su efecto útil
propio o particular, es, se reitera, que los Estados Partes de la Convención adopten
providencias para hacer progresivamente efectivos los derechos que se derivan de aquellas
normas y todo ello según los recursos disponibles.
23.
En otras palabras, interpretar de buena fe la Convención implica partir del supuesto y
respetarlo, de que sus Estados Partes efectivamente convinieron en ella, en el entendido de
que solo eso es lo que se les puede exigir o reclamar. Desvincular la buena fe de lo pactado,
puede significar que a los Estados Partes de la Convención se les exija algo en lo que nunca
convinieron ni tuvieron en mente. La Sentencia, entonces, al omitir toda referencia a la buena
fe, se aparta ostensiblemente de lo previsto, a su respecto, en la Convención de Viena.
b.
Tenor literal
Párr. 4°: “Reiterando que, con arreglo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sólo puede realizarse
el ideal del ser humano libre, exento del temor y de la miseria, si se crean condiciones que permitan a cada persona
gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos.”
13
5° Considerando: ¨…la Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria (Buenos Aires, 1967) aprobó la
incorporación a la propia Carta de la Organización de normas más amplias sobre derechos económicos, sociales y
educacionales y resolvió que una convención interamericana sobre derechos humanos determinara la estructura,
competencia y procedimiento de los órganos encargados de esa materia¨.
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