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Wolfgang Waldemar Quintana Vivas murió a los veinte años de edad al recibir
una bala mientras estaba en su residencia. Sus familiares lo llevaron a una
clínica, donde ingresó sin vida.
Trabajaba como vendedor en una librería y con su trabajo mantenía a la
declarante, a su hija Luzdenny Estefanía y a la madre de la víctima, María
Esperanza Vivas. Sus aportes constituían el sustento básico de toda la familia.
Wolfgang Waldemar había estado trabajando desde los quince años. Al
momento del evento ganaba el salario mínimo. La situación económica de la
familia hubiera sido mejor si la víctima hubiera sobrevivido, pues era la única
persona que trabajaba en la familia. Desde entonces la declarante ha tenido
que trabajar para mantener a su hija.
Los gastos relacionados con el velorio los asumió la familia con la “liquidación”
de la víctima por su trabajo en la librería. Los gastos relacionados con la
búsqueda de justicia los asumió COFAVIC.
La declarante asistió tanto a tratamiento psicológico como psiquiátrico y aún
mantiene el tratamiento psicológico. También la hija asiste cada quince días
a sesiones psicológicas.
Los gastos por 40.000,00 Bs. (cuarenta mil
bolívares) mensuales por dichos tratamientos los asume la declarante. Al
recordar los hechos sigue sintiendo mucho dolor y mucha rabia, pues para
ellos su hogar era un lugar seguro. La víctima estaba sentada, cargaba a su
hija de tres meses cuando fue herida, logró colocar a la niña en la cuna y bajó
a la planta baja, donde cayó desangrándose. La declarante intentó taparle la
herida, pero la presión de la salida de sangre era tan fuerte que supo que se
iba a morir. Con la muerte de su compañero, la declarante perdió todas sus
esperanzas, su proyecto de vida de formar una familia y sufre de depresiones.
El sufrimiento sigue intacto, para ella y para la madre de la víctima, quien
igualmente presenció lo ocurrido. La declarante tenía diecinueve años cuando
sucedió el evento y desde entonces ha tenido que ser madre y padre a la vez
para su hija. Todavía sufre por la impunidad de los hechos.
17.
Dilia Mendoza de Ramos, madre de Yurima Milagros Ramos
Mendoza.
Yurima Milagros Ramos Mendoza murió a los veinte años de edad, era la
segunda hija de la declarante y estudiaba administración de recursos
humanos en la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto. Era una estudiante
muy aplicada y con muchas aspiraciones. Era soltera, no tuvo hijos y no
trabajaba. La situación económica de la familia hubiera mejorado mucho si
Yurima estuviera viva porque ella era una persona muy unida a su familia y
muy solidaria. Al graduarse, la víctima quería ayudar a sus padres con
dinero, viajar, regalarle una camioneta a su padre.
La familia asumió los gastos relacionados con el velorio y los gastos por la
búsqueda de justicia los asumió COFAVIC.
Vio a su hija desangrándose en su propia residencia, con el rostro destrozado,
puesto que la bala la hirió en la cabeza. La familia tuvo que pasar varias
horas al lado de la hija muerta debido a que no era permitido salir de la casa