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de belleza para mantenerse.
Toda la familia ha quedado trastornada
emocionalmente. La declarante ha perdido el ánimo para vivir, dado que la
víctima era quien le ayudaba más que nadie en el hogar. Sufre insomnio y
depresiones que se acentúan más a causa de la impunidad.
21.
María Neria Guillén Pereira, madre de Leobardo Antonio Salas
Guillén.
Leobardo Antonio Salas Guillén murió a los veintidós años de edad. El
cadáver fue enterrado en una fosa común. Sus restos fueron localizados en
1990, exhumados y entregados a los familiares. Trabajaba como controlador
de estacionamiento. Era soltero y no tuvo hijos. Aportaba quincenalmente a
los gastos de la familia, que estaba compuesta por doce miembros. Al
momento del evento ganaba el salario mínimo.
Los familiares de la víctima asumieron los gastos del velorio, sin incluir los del
transporte del cadáver desde Caracas hasta el lugar de origen de la familia en
el Estado Mérida. Los gastos relacionados con la búsqueda de justicia fueron
asumidos por COFAVIC.
La declarante es ama de casa y recibe tratamiento psicológico y médico. Las
consultas con el psicólogo eran primero cuatro veces al año, ahora son dos
veces al año. Ha sido una experiencia traumática la de vivir la exhumación
de cadáveres en la fosa común para identificar a su hijo. Sigue sufriendo
insomnio y depresiones. Desea particularmente que se haga justicia porque la
impunidad le ha afectado mucho.
22.
Olga María Álvarez, madre de Tirso Cruz Tesara Álvarez.
Tirso Cruz Tesara Álvarez falleció a los veintitrés años de edad. Trabajaba
como mensajero en una emisora de radio, ayudaba a su padre a cubrir los
gastos de la casa desde que tenía aproximadamente dieciocho años. Era
soltero y no tuvo hijos. Al momento del evento ganaba el salario mínimo.
La familia asumió los gastos relacionados con el velorio, mientras que
COFAVIC asumió los gastos relacionados con la búsqueda de justicia.
Las hermanas de la víctima tuvieron que retrasar sus estudios para trabajar.
Siendo el único hijo varón, la familia contaba con los aportes de él. El padre
se jubiló y recibe la pensión mínima.
Los padres de la víctima estaban aseguradas por medio de Tirso, a través de
la empresa en la que éste trabajaba. Este seguro cubría gastos médicos
eventuales, pero dejaron de recibirlo al morir la víctima.
El día de los hechos a ella la llamaron del hospital en donde se encontraba su
hijo y cuando llegó, éste ya estaba inconsciente. Pasó nueve días al lado de
su hijo en el hospital, cuidándolo en su agonía. Después de la muerte de
aquél ella empezó a investigar la identidad del agente que le había disparado,
pero sólo logró que le dieran el apellido. Tuvo que tomar medicamentos
porque padecía insomnio. Siempre que ve personas motorizadas, se acuerda