9 un nuevo engaño con su cuerpo. Al respecto, señaló “no [estar] de acuerdo [con] que el ejército [continúe con] este fraude de que [el señor Bámaca Velásquez se encontraba] muerto [...] ahí en la fosa en Retalhuleu, [cuando en realidad] lo tenían enyesado todo su cuerpo, bajo drogas, bajo tortura, inyectado con un gas hasta que se hinchan horriblemente […]. No quier[e] que él [haya pasado] y sufri[do] todo eso y después ellos tienen derecho a tirarlo bajo, tal vez, su base militar, bajo sus letrinas, adentro de algún trinchero o anónimo, [...] como si fuera basura india, con la mentalidad de ellos, como símbolo de que ningún ser humano, ningún indígena tenía derecho a reclamar sus derechos. Lo que quier[e]n ellos [es mantenerlo] bajo [su] bota”. Expresó que conserva de su marido “su uniforme, su mochila y sus botas, la ropa que usa[ba] normalmente [...],[l]e queda[n] sus cartas, [...] t[iene sus] memorias, t[iene sus] ideales que había[n] compartido y t[iene] [su] buen nombre”. Finalmente, señaló que desea “la indemnización porque es la única manera de acabar con la impunidad, [...]en Guatemala; quier[e] eso para [que] también la familia t[enga] más chance, más oportunidades para los jóvenes, los sobrinos y sobrinas[...]. También quier[e] [...] la libertad [de poder hablar] abiertamente en [Guatemala], sin censura, sin distorsión de la verdad de este caso, igualmente para acabar con la impunidad. [...Q]uier[e] que [para sus ]familiares [...] ya no hay[an] más atent[ados], ya no hay[a] más hostigamientos, […]y para [ella] quier[e] sus restos.” b) Testimonio de José Leon Bámaca Hernández, padre de la víctima Efraín Bámaca Velásquez Tiene setenta y ocho años, y su ocupación es estibador. Junto a Cornelia Velásquez, procrearon cuatro hijos: el hijo mayor era Efraín, y después seguían Egidia Gebia, Josefina y otro niño que murió; asimismo, expresó que era el padrastro de Alberta Velásquez. De niño, Efraín Bámaca Velásquez era muy inteligente y había aprendido a leer y escribir al lado de su abuela, pues en el lugar donde vivían no habían maestros. Asimismo, éste trabajaba en las cortas de café en la finca El Tablero, devengando la mitad del salario de un trabajador ordinario. Del dinero que recibía como salario, entregaba la mitad a sus padres para colaborar con la compra de alimentos en su hogar; sin embargo, al cumplir los 18 años, intentó buscar otro trabajo en ciudad de Guatemala y por ello se fue de su hogar, y nunca más se le volvió a ver. Toda su familia quería mucho a Efraín, razón por la cual al conocer de su muerte sintieron una profunda tristeza. Hasta el día de hoy, no conoce el paradero de los restos mortales de Efraín Bámaca Velásquez, razón por la cual desea que se le entreguen los mismos para poder brindarles un debido entierro en el cementerio de Santa Elena, donde se encuentran enterrados otros familiares de la víctima. Para ello, solicitó la colaboración de la Corte Interamericana. c) Testimonio de Juan José especialista en desarrollo rural Monterroso, Antropólogo guatemalteco Como parte del Programa de Derechos Humanos del Obispado de San Marcos, desde 1996 ha colaborado en brindar apoyo económico al padre y a las hermanas de Efraín Bámaca Velásquez, y señaló que recientemente una hermana de éste, de nombre Alberta, se reintegró al núcleo familiar, y Egidia Gebia Bámaca Velásquez le señaló que

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