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efecto destructor. […] Implica el desmembramiento de familias y comunidades, a la vez que se
alternaron [(sic)] los lazos culturales que conformaban su cohesión. El terror sin precedentes […]
desencadenó la huida masiva de gentes diversas, cuya mayoría estaba constituida por
comunidades mayas […]. La estimación de desplazados oscila entre 500 mil y un millón y medio
de personas en el período de mayor afectación (1981-1983), sumando las que se desplazaron
internamente y también aquellas que se vieron obligadas a buscar refugio fuera del país. […]
Para algunas familias el desplazamiento no duró más que algunas semanas; otras permanecieron
fuera de su comunidad durante años. No obstante[,] el grado de destrucción y las secuelas que
tuvieron lugar durante su ausencia fueron con frecuencia semejantes126.
124.
En el mismo sentido, el informe Guatemala, Nunca Más, indicó que:
Debido a la destrucción material de sus pertenencias, de sus bienes obtenidos y construidos
durante toda una vida y al peligro de perder la vida misma, los habitantes de las comunidades
violentadas se dispersaron y se desplazaron a diferentes lugares a causa del temor. […] Para
unos es un estímulo volver a sus comunidades devastadas, para otros en cambio no, debido al
horror de los hechos que los obligaron a dejar su comunidad. A pesar del deseo de volver a
recuperar sus bienes, el temor les hace quedarse en el nuevo lugar de asentamiento127.
125. La violencia del conflicto armado tuvo un grave impacto en las familias indígenas
mayas, debido a que no sólo ocasionó, en muchos casos, la desaparición de uno de los
padres y/o la separación de los hijos, sino que también significó el abandono de sus
comunidades y tradiciones128.
126. El Tribunal observa que la mayor parte de la población indígena maya,
específicamente en las zonas rurales, vive en comunidades, las cuales representan la
mínima unidad de organización social con un sistema de autoridades propio. Las
comunidades son espacios territoriales, por lo general aldeas o cantones, que cuentan con
una estructura jurídico-política afirmada en torno a una alcaldía auxiliar, las cuales
constituyen un entramado de relaciones sociales, económicas, culturales y religiosas129.
127. En este contexto se enmarca la situación de la familia indígena maya kaqchikel
Chitay Rodríguez, la cual estaba conformada por el padre Florencio Chitay, la madre Marta
Rodríguez Quex y los hijos Encarnación, Pedro, Eliseo, Estermerio y María Rosaura, todos de
apellidos Chitay Rodríguez, la cual residía en el Municipio de San Martín Jilotepeque,
Departamento de Chimaltenango (supra párr. 70).
128. Florencio Chitay Rodríguez sufrió tres intentos de secuestro y atentados en contra
de su casa habitación. En noviembre de 1980 se registró el primer ataque al domicilio
familiar, durante el cual los secuestradores llegaron y ametrallaron la vivienda. El segundo
ataque se produjo días después, ocasión en la cual lograron ingresar al interior de la
vivienda y disparar. Para ese momento los niños pernoctaban en casa de familiares por
decisión del señor Chitay Nech. En el tercer ataque, los asaltantes entraron a la casa e
incineraron algunas de las pertenencias de la familia al no encontrar al señor Chitay
Nech130.
126
127
128
CEH, Guatemala: Memoria del Silencio, supra nota 35, Tomo IV, Capítulo III, págs. 119 y 120, párr. 4193.
REMHI, Guatemala Nunca Más, supra nota 35, fs. 1387 y 1388.
Cfr. Peritaje de Rosalina Tuyuc rendido durante la audiencia pública celebrada ante la Corte el 2 de febrero
de 2010.
129
CEH, Guatemala: Memoria del Silencio, supra nota 35, Tomo IV, Capítulo III, pág. 164, párr. 4328.
130
Cfr. Testimonio de Encarnación Chitay Rodríguez, supra nota 57; testimonio de Pedro Chitay Rodríguez,
supra nota 56, fs. 80 y 8; testimonio de Eliseo Chitay Rodríguez, supra nota 57; declaración de Pedro Chitay