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de los artículos 8.1 y 25.1 de la Convención Americana, en perjuicio de las dos
presuntas víctimas sobrevivientes y las 153 presuntas víctimas familiares de las
personas fallecidas durante la masacre (supra párr. 36). El mismo Estado reconoció
las dificultades para la obtención de justicia a las que se han enfrentado las
presuntas víctimas por el uso indiscriminado de recursos judiciales como el recurso
de amparo.
209. A propósito de las circunstancias en que ocurrió la muerte de los fallecidos en
la masacre y debido a que la búsqueda de justicia se mantiene, durante la audiencia
pública la señora Felicita Herenia Romero Ramírez manifestó que se sentía “enojada
y a la vez triste por que no hemos encontrado justicia, y es lo que más pedimos”.
Agregó que “el Estado protege a [las] personas que cometieron esta masacre, por
que algunos todavía son funcionarios públicos, y eso nos indigna”. Asimismo, el
señor Francisco Arriaga Alonzo, otra presunta víctima, en sus declaraciones rendidas
ante fedatario público indicó que se sentían “decepcionados de ver que el Estado es
débil en la justicia”, con “falta de confianza de las autoridades” y “frustrado, sin
sentirle sabor a la vida”.
210. Ramiro Osorio Cristales, presunta víctima sobreviviente de la masacre,
expresó su sufrimiento en su declaración rendida durante la audiencia pública236.
Agregó que “lo que yo pensé es que [en] el mundo se iba a hacer justicia, que algún
día se iba esclarecer todo esto, y que no todo el tiempo me iba a pasar sufriendo”,
del mismo modo exigió “que se haga justicia, en la voz de todos los que ya no
están, que se haga justicia con los que quedamos ahorita que están vivos”. Además,
señaló que “volvería a Guatemala, pero nunca voy andar, tengo temor, en primer
lugar porque todavía están libres los asesinos”. Asimismo, en su declaración rendida
en el proceso interno expresó que había querido declarar en el mismo “porque lo
h[a] tenido guardado mucho tiempo, es un dolor que h[a] llevado siempre en el
corazón”237.
211. Por su parte, la perito Nieves Gómez Dupuis, en su affidávit presentado ante
la Corte, expresó que la falta de justicia “favorece que, al no existir culpables de los
hechos, la culpa se revierte en las víctimas y éstas qued[e]n estigmatizadas”, lo que
aunado al “miedo, [el] silencio, [la] tristeza, [los] recuerdos constantes de la
masacre, [las] situaciones de duelo alterado, [la] incertidumbre por el paradero de
los niños, [el] miedo a que les vuelva a ocurrir lo mismo que sus familiares, cólera,
y una profunda impotencia” generan secuelas y daños psicológicos, que no sólo
afectan a las víctimas, sino también a “[l]a segunda generación [que] se ha visto
[…] afectada por los efectos de la impunidad y la ausencia de justicia manifestando
sentimientos de cólera, tristeza, y dolor frente a la ausencia de investigación y
sanción de los culpables de la masacre”.
212. Igualmente, el perito Marco Antonio Garavito Fernández, en su affidávit
presentado ante la Corte manifestó, en relación con los familiares, que “hay un daño
emocional como resultado de la incertidumbre vivida sobre qué fue lo que en
236
En este sentido, en la audiencia pública el 14 de julio de 2009 ante esta Corte, Ramiro Osorio
Cristales declaró que “después de ahí fue cuando empezó la masacre el día 8 en la mañana. Yo solamente
no vi cuando mataron a mi padre, ni a mi hermano. Pero se escuchaba los gritos de piedad, que por favor
no los mataran. Entonces ya le tocaba a mi madre. Cuando sacaron a mi madre, nosotros nos colgamos
de nuestra madre diciendo que por favor no la mataran. Y había un señor que estaba en la puerta, un
militar me agarro y dijo que, que no me fuera porque me iban a matar. Entonces yo me fui a ver cómo,
por las hendiduras de lo que es las paredes de la iglesia, me fui a ver cómo mataron a mi madre y a mi
hermanita que tenía nueve meses a un año de nacida. A mi hermanita la agarraron de los pies y la
estrellaron contra un árbol y la tiraron a pozo. A mi madre le cortaron el cuello y cayó también al pozo.
Mis hermanos fueron degollados y tirados al pozo. Y yo de tanto llorar me quede dormido debajo de unas
bancas de la iglesia, cuando desperté ya había terminado la masacre”.
237
Cfr. Declaración de “Ramiro Fernando López García” como prueba anticipada, supra nota 169, fs.
3827 a 3831.
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