-35El 6 de mayo de 1992 se encontraba durmiendo cuando escuchó la primera explosión en el
pabellón de las mujeres y pronto se percató de que estaban siendo atacadas “brutal y
cobardemente”. Pudo notar que habían dinamitado una pared del patio del pabellón 1A y que
“balas, bombas y gases lacrimógenos estaban por todas partes”. Asimismo, observó que
efectivos de la policía procedían a dinamitar el techo del cuarto piso. Las internas trataron de
encontrar una salida por un ducto porque “[p]arecía que el pabellón lo iban a tirar abajo”. Los
ductos
no eran túneles construidos por los internos, sino construcciones que unían los
pabellones. Era difícil ingresar al ducto porque había que pasar frente a una ventana y los
francotiradores disparaban al menor movimiento. La interna María Vilegas cayó gravemente
herida. Tratando de salir del pabellón hacia el ducto, la testigo fue herida de un disparo en la
pierna. Fue llevada por dos compañeros al pabellón 4B. La bala causó impacto en la región
lumbar izquierda afectando las raíces nerviosas. Eran varios los heridos pero les fue negada la
atención médica, “demostrando una vez más que [a las autoridades] no les importaba la vida de
los internos”.
Los compañeros que estaban dentro del pabellón pedían que se trasladara a los heridos y se les
proporcionara atención médica. Asimismo, “pedían en forma reiterativa garantía para sus vidas
(la presencia de representantes de la Cruz Roja Internacional, abogados y familiares) para poder
salir”. Sin embargo, “el ataque era cada vez más brutal y desenfrenado”. El 9 de mayo de 1992,
“los prisioneros que salieron tomados de las manos cantando la Internacional” fueron objeto de
fusilamiento selectivo.
Cuando se encontraba con los demás heridos escuchó la voz de Elvia Sanabria. Después de los
traslados notó que ella ya no estaba.
Este “ataque brutal y siniestro” se hizo extensivo a sus familiares y afectó en particular a su
madre, quien se enfermó del corazón, estuvo en tratamiento psiquiátrico y quiso atentar contra
su vida al no poder soportar el sufrimiento que sintió a raíz de los ataques y después al buscar el
cuerpo de su hija que creía muerta.
Posteriormente a estos hechos, la testigo fue trasladada junto con otros heridos a un hospital
donde, durante casi toda su permanencia y en pleno frío, se les mantuvo desnudas y cubiertas
sólo por una sábana, hasta que finalmente permitieron que la Cruz Roja les diera una frazada y
un camisón. Durante la permanencia de las mujeres en el hospital estuvieron vigiladas por tres
custodios armados. Tuvo una sonda para eliminar la orina que durante un mes le cambiaron sólo
una vez. En el hospital no se les proporcionó medicina alguna, siendo éste el motivo de la muerte
de María Villegas. Después de 15 días fue trasladada junto con otras mujeres heridas al penal de
máxima seguridad de Chorrillos, pero el médico del penal no quiso responsabilizarse por lo que
pudiera pasar y fue devuelta al hospital junto con otras compañeras; tenían heridas abiertas.
Un mes después fue trasladada nuevamente al penal de Chorrillos. Requería urgentemente
rehabilitación física pero le fue negada repetidamente. Después de más de un año fue llevada a
un centro especializado, pero para entonces sus músculos se habían atrofiado, condición señalada
por los especialistas como irreversible por falta de rehabilitación física. Los especialistas
consideraron que habían posibilidades de que la testigo recuperara la movilidad en una de las
piernas si se sometía a rehabilitación diaria, tratamiento que no pudo llevar a cabo porque las
autoridades carcelarias no cumplían con llevarla. Después fue transferida al Instituto Nacional de
Rehabilitación, donde le diagnosticaron que sólo podía mantener la masa muscular que quedaba,
pero las autoridades impidieron el tratamiento de rehabilitación correspondiente. En dos
ocasiones sufrió quemaduras en la piel con una bolsa de agua caliente. Respecto de las heridas
que tenía abiertas, sólo le fue dada una crema antimicótica por el médico del penal, hasta que
fue llevada al hospital por exigencia de su familia.