-36Las internas también fueron víctimas de golpizas por parte de las fuerzas de seguridad, tales
como las que recibieron el 25 de septiembre (avalada por la fiscal Mirtha Campos) y en
noviembre de 1992. Fue arrastrada por el pasillo junto con otras reclusas y las patearon en todo
el cuerpo “sin respetar a las mujeres gestantes, ancianas, ni enfermas”. Una vez en el piso los
guardias caminaron y saltaron en sus espaldas y a otras reclusas les pusieron sus varas entre los
glúteos.
Se refirió a su juzgamiento en 1994 por un tribunal especial sin rostro.
Se refirió a diversos problemas que padece como consecuencia de la herida de bala y por la falta
de rehabilitación física, tales como: paraplejia parcial afectando los miembros inferiores;
hemorroides por estreñimiento severo y crónico; constantes infecciones en las vías urinarias;
inflamaciones del recto debido a falta de elasticidad de los músculos; osteoporosis debido a la
falta de movimiento y el hacinamiento en la cárcel; y problemas de las vías respiratorias y
articulaciones por la humedad y las filtraciones en las celdas. Además de su salud y bienes
materiales, perdió su trabajo y sus planes de superación y desarrollo profesional. Sufrió un gran
daño moral y secuelas emocionales debido a las ya descritas “violaciones que denigraron [su]
dignidad como persona y como mujer”. Las lesiones descritas han dificultado que desarrolle
cualquier actividad o trabajo y han tenido un profundo impacto en su familia, afectando
especialmente a su madre y a sus hermanas (una de ellas fue detenida y la otra despedida de su
trabajo).
Solicitó a la Corte que se haga justicia para que “estos hechos no queden impunes y que [le] sea
otorgada una justa reparación por los daños ocasionados a [su] familia[,] a [su] salud física y
mental y a [su] honra”.
11.
Cesar Mamani Valverde, presunta víctima
El testigo era interno en el Penal Castro Castro en el pabellón 4B. El 6 de mayo de 1992 fue
levantado por una poderosa explosión que venía del pabellón 1ª, en el que se encontraban las
mujeres. Fue el inicio de una sucesión de bombas y descargas explosivas lanzadas contra dicho
pabellón. El día siguiente fueron llevados los heridos al pabellón 4B y se “juntaron cinco
cadáveres de los internos”, los cuales fueron enterrados ese día. Tras intentos de diálogo entre
las partes, no se obtuvo respuesta de los altos mandos de las fuerzas armadas. Al principio se
había aceptado que salieran los heridos, pero cambiaron de idea y los francotiradores
comenzaron a disparar desde los pabellones contiguos contra varios internos, fue perforado el
techo y se introdujeron granadas de mano y bombas lacrimógenas. Para ese entonces había más
de 30 muertos y más de 500 personas atrapadas. Los internos estaban hacinados, no había
espacio por donde caminar, no se podía comer, dormían muy cerca de los cadáveres, estaban
asfixiados y quemándose a causa de los gases, bombas y fuego que utilizaban las fuerzas
armadas dentro del penal. Considera que no era el traslado lo que querían las autoridades, sino
“matar a los internos”.
Su madre tuvo que ir a la morgue en su búsqueda a revisar todos los cadáveres, lo cual fue una
experiencia traumatizante para ella.
Fue llevado al hospital de la policía donde no recibió atención médica necesaria. Junto a él
reconoció a Walter Huamanchumo, Luis Pérez Zapata, Víctor Olivos Peña y Agustín Machuca. Su
diagnostico después “de la explosión” en el penal Castro Castro fue quemaduras de segundo
grado en el rostro, pecho, ambos brazos y piernas; perforación de los tímpanos en ambos oídos,
rotura del parpado superior derecho, pérdida del globo ocular del ojo derecho, y pérdida de la
visión total del ojo izquierdo. Le programaron una operación para extirparle el ojo derecho, pero