-46Indicó que desconocía que hubiera un proceso abierto en el Perú sobre los hechos de este caso.
Solicitó a la Corte Interamericana que haga justicia y que se sancione a los responsables de los
hechos.
b)
Propuestos por la interviniente común:
3.
Luis Ángel Pérez Zapata, presunta víctima
Explicó un mapa del Penal Miguel Castro Castro, refiriéndose a su estructura, el lugar de
ubicación de los pabellones 1A y 4B y algunos lugares que se nombran en los testimonios. Indicó
que el penal tenía una pared de 6 a 8 metros de altura, era de ladrillo y cemento. La zona
interior del penal es lo que se conoce como “tierra de nadie”. En la zona conocida como la
“rotonda”, que es la parte central del penal, hay unos subterráneos por donde se comunicaban
los pabellones. Debido al hacinamiento que había en el pabellón 4B, por las noches a algunos
internos les era permitido dormir en el pabellón 1A. En el pabellón 4B había más de 400
personas, siendo un pabellón con capacidad para 90. El primer día de los hechos el testigo se
encontraba en el pabellón 1A.
Después del golpe de Estado del 5 de abril de 1992 comenzó la militarización del Penal Castro
Castro. Durante el golpe de Estado fueron restringidos derechos y libertades, “incluso no se hacia
caso de los hábeas corpus”.
A las 4:30 horas del 6 de mayo de 1992 comenzaron las explosiones por parte de “tropas
combinadas” del Ejército y la Policía. Utilizaron “armamento largo […] de guerra”, bombas
lacrimógenas, bombas incendiarias y helicópteros de artillería, que dispararon misiles y cohetes
contra el pabellón 1A. Las bombas incendiarias “arden [por dentro] y quitan el oxígeno, [e]
impiden la respiración”. El ataque también se produjo desde los techos y ventanas de los otros
pabellones, donde estaban ubicados los francotiradores.
Durante los días del ataque bombardearon las paredes, dispararon con armas instalazas para
golpear las paredes, las cuales “son de un concreto muy resistente [y] antisísmico [y miden] 25
cm. de ancho”. También bombardearon los techos para hacer huecos, desde los cuales lanzaban
ráfagas de metralleta y explosivos. Además, utilizaron “helicópteros artillados” para disparar
misiles contra el pabellón.
El testigo expresó que “[l]a situación era para darse cuenta
rápidamente que allí íba[n] a quedar triturados bajo los escombros de ese pabellón”. “Estar bajo
este bombardeo es como un infierno” porque hay gas lacrimógeno que no permite la respiración,
las explosiones sacuden el pabellón, se escuchan las ráfagas de las metralletas disparando, uno
piensa “aquí nos van […] a matar a todos”. Además, permanecieron sin luz, agua, ni
alimentación.
Según le contaron posteriormente, durante los ataques, los internos que se encontraban en el
penal por delitos comunes fueron llevados al patio donde permanecieron agrupados en el centro y
custodiados.
En el cuarto día de ataques los internos optaron por salir del pabellón 4B porque pensaban que el
pabellón iba a ser “triturado como ha[bía] ocurrido en el 1A” y ya no podían soportar más la
situación. Un grupo de internos pidió a gritos que no les dispararan porque iban a salir, pero
fueron fusilados. El testigo salió del pabellón 4B, caminó por “la rotonda” y llegó a la “puerta de
acceso”, desde donde pudo ver que “había […] cientos de tropas combinadas con armamentos de
guerra” y que en los cerros había soldados con armamento. Cuando iba caminando vio que “al
frente [suyo] había una ametralladora con tres patas”. Se volteó y lo alcanzó una bala en la
espalda y otra en la mano, y la palma de su mano se le abrió. Estaba tendido boca arriba cuando
un soldado con fusil y pasamontañas le puso el arma en su boca, lo insultó y lo pateó. Pedía