-47agua porque sentía mucha sed, le dolía la mano y también la espalda, tenía un “hueco” en la
clavícula. Aproximadamente una hora después dos soldados lo agarraron de la mano que le dolía
y lo levantaron del brazo, “como si fuera un costal de papas” y lo lanzaron a un camión militar
donde había otras personas heridas. Tiraron a otras personas sobre él. Luego los llevaron al
hospital de policías.
En el Hospital de la Policía le cosieron la mano de tal forma que quedó con muchas cicatrices y
funcionalmente no la puede mover bien. Durante el tiempo que estuvo en el hospital “los
médicos [le]s dijeron que no había medicinas para [ellos]”. La Cruz Roja Internacional estuvo
pendiente de que tuvieran medicamentos. En el hospital permaneció custodiado por tres o cuatro
policías armados que no permitían el ingreso a su habitación.
Transcurridas dos semanas fue trasladado al hospital “Carrión”, donde permaneció en un lugar
sucio, sin ventanas, con mucho ruido, sin ropa, y con sus heridas infectadas debido a que no les
fueron entregadas las medicinas que habían sido suministradas por la Cruz Roja. La Cruz Roja
“pudo ingresar recién después de 15 días”. Transcurridos alrededor de un mes y medio fueron
trasladados de nuevo al Penal Castro Castro sin ropa ni zapatos. Debido a que era época de
invierno el frío hacía que les dolieran más los huesos y las heridas. En el Penal Castro Castro los
siguieron “torturando”, les ponían marchas militares a las 6 a.m. con mucho volumen; los
golpearon; les pusieron descargas eléctricas; no les permitían realizar ninguna actividad como
leer ni trabajar; no podían salir a los patios; permanecían 24 horas en celdas de 2x1.80mts sin
recibir luz del sol; los alimentos que les suministraban estaban sucios, inclusive con pequeñas
piedras; y eran sometidos a pasar entre dos filas de custodios, quienes les pegaban con palos y
fierros. Tuvo que soportar todas esas “torturas” cuando estaba recuperándose de lo que le
ocasionaron las heridas de bala.
Permitieron las visitas de los familiares recién seis meses después de lo sucedido en el Penal
Castro Castro.
Su madre sufrió mucho y “la tensión le provocó cáncer”, por lo que falleció hace dos años.
Durante los días del ataque su madre lloró mucho y se sentía muy mal al ver que al testigo lo
estaban “bombardeando […] y fusilando” y ella no podía hacer nada.
Está cursando quinto año de Derecho en la Universidad de San Marcos. También trabaja como
obrero de construcción civil. Hoy en día, además de las lesiones a causa de los disparos (las
cuales incluyen las cicatrices), tiene una lesión en su oído que le ha reducido la capacidad de
escuchar, la cual fue causada por una explosión durante el ataque al penal. Además tiene
problemas de movimiento en su mano que le han ocasionado dificultad para la realización de
ciertos trabajos, y no puede levantar “completamente” el brazo. Tiene muchas dificultades para
escuchar a una persona en una conversación normal, y más aún para escuchar sus clases.
En el Perú nadie ha sido enjuiciado y ninguna autoridad se ha responsabilizado de lo que les
ocurrió.
4.
Lastenia Eugenia Caballero Mejía, esposa de la presunta víctima Mario Aguilar
Vega y madre de las presuntas víctimas Ruth y Orlando Aguilar Caballero
Su esposo y su hijo se encontraban recluidos en el pabellón 4B del Penal Castro Castro, y su hija
se encontraba recluida en el pabellón 1A de dicho penal. Se enteró por las noticias de lo que
estaba ocurriendo en el penal y se dirigió a éste junto con su nieta. Cuando llegó observó muchos
militares y policías que rodeaban el centro penitenciario. Escuchó disparos y explosiones, y nadie
le suministro información acerca de los internos. Al tercer día la situación fue más grave, el
número de militares se incrementó y continuaban las explosiones y disparos. Los familiares