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Los peticionarios aportan como evidencia el testimonio de Monseñor Rómulo Emiliani,
Obispo Auxiliar de San Pedro Sula, quien en las horas inmediatamente posteriores al incendio estuvo
presente en el lugar de los hechos. Con respecto al incendio y a los acontecimientos posteriores,
Monseñor Emiliani declaró:
EN LA MAÑANA DEL TRÁGICO SUCESO
El día del lamentable suceso, 17 de mayo del 2004, llegó un carro de la policía a las 3:45 de
la mañana a buscarme al obispado ya que había pasado algo grave en el Presidio. […] Al llegar
me tocó presenciar el dantesco espectáculo de ver muchos cadáveres colocados en filas,
tanto fuera del recinto primero, un patio amurallado que es antesala a donde estaban sus
dormitorios, como dentro del mismo. Con los líderes sobrevivientes de la mara Salvatrucha y
los fiscales y demás personal de medicina forense, fuimos identificando los cuerpos con los
apodos y nombres de los muertos. […]
LO QUE PUDE OIR DE OTROS PRESOS Y RELATOS DE LA POLICÍA
Recuerdo de que de alguna de las bartolinas unos detenidos gritaban insultando a los muertos,
prácticamente diciendo que “ojalá se hubieran muerto todos”. La policía estaba nerviosa,
muchos todavía sorprendidos del suceso y se me manifestó varias veces que lo primero que
escucharon fueron gritos de diferentes bartolinas y mucho humo fue invadiendo el presidio. Se
cortó la luz y todo era oscuridad. Que de hecho no sabían cuál de las bartolinas era la que
estaba en problemas, ya que todos los internos pedían que les abrieran las puertas. Que
cuando supieron cuál era la bartolina del trágico suceso, no se atrevieron a abrir la puerta por
miedo a un motín. Parece que los mismos muchachos con una pesa de cemento, de la que
usan para hacer ejercicios, llegaron a romper la puerta. El candado quedó allí colgando. Intenté
entrar a ese lugar, y el olor a cuerpos y colchones quemados, la oscuridad y el humo, me
impedían ingresar muy adentro. […]
DAR LOS NOMBRES DE LOS MUERTOS A LOS FAMILIARES
[A] las 9:30 de la mañana salí a la calle donde habían muchos familiares, a dar la lista de los
que habían sobrevivido y estaban dentro del presidio. […] Ya para ese momento habrían unas
doscientas personas fuera del presidio, la mayoría familiares de los jóvenes, esperando
información. A la 1 de la tarde volví y leí la lista de los que estaban en el hospital y una hora
después me tocó leer los nombres de los fallecidos y la reacción de los familiares fue de
lamentación, gritos, desmayos, indignación. Había mucho dolor en el ambiente.
SITUACIÓN EN LA MORGUE
Estuve en la morgue cinco días o más, presenciando autopsias, hablando y consolando a
familiares y buscando que de la manera más rápida fueran entregados los cuerpos. El médico
forense que dirigía la operación de las autopsias tenía a su cargo a muchos jóvenes médicos,
llegados algunos de ellos de Tegucigalpa y de otros lados, para hacer rápido el trabajo. […]
Aun así, afuera, ya al tercer día, había desesperación en los familiares e intentaron romper la
cerca para entrar en la morgue. El problema estaba en la identificación de los cadáveres,
comparando fotos de los muertos con sus carnets de identidad y otros documentos. Los
cadáveres estaban en camiones con contenedores refrigerados y se iban sacando en la medida
en que se les hacían las autopsias. Allí estaban los ataúdes esperando en el suelo, para ir
recibiendo los cuerpos de los fallecidos.
El gobierno nacional aprobó dar diez mil lempiras a cada familia de los fallecidos, para asuntos
de traslado de cadáveres y funerales. Se entregó el dinero en la sede de los Tribunales de
Justicia y también en el hospital a los familiares de los heridos. La espera fue larga para
muchos familiares y por eso la desesperación, las protestas y poco a poco se fueron
entregando los cuerpos. Tengo entendido que a algunos, muy pocos, se les tuvo mucho
tiempo en la morgue porque nadie llegaba a reclamar los cuerpos. […]
NEGLIGENCIA ESTRUCTURAL DE UN SISTEMA OBSOLETO
De hecho se nombró una comisión investigadora y no se descubrió mano criminal. Yo creo
eso. […] El sistema eléctrico era viejo y colapsó. No aguantó tanta carga de energía. No había
tampoco una estrategia para evacuar esos recintos dormitorios en caso de incendio, ni