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eficacia ya que es parcializada, en cuya virtud, el interés directo es perjudicar al
Estado de Honduras".
95.
Sobre el número de personas desaparecidas durante el período de 1981 a 1984,
la Corte recibió testimonios que indican que las cifras varían entre 112 y 130. Un
exmilitar testificó que, según una lista existente en los archivos del Batallón 316, ese
número podría llegar a 140 o 150 (testimonios de Miguel Ángel Pavón Salazar, Ramón
Custodio López, Efraín Díaz Arrivillaga y Florencio Caballero).
96.
Con respecto a la existencia de una unidad dentro de las Fuerzas Armadas
dedicada a las desapariciones, la Corte recibió el testimonio del Presidente del Comité
para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras, según el cual en el año 1980
funcionó un grupo llamado "de los catorce", al mando del Mayor Adolfo Díaz, adscrito
al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas; posteriormente aquél fue sustituido por el
grupo denominado "de los diez", comandado por el Capitán Alexander Hernández y,
finalmente, apareció el Batallón 316, un cuerpo de operaciones especiales, con
distintos grupos especializados en vigilancia, secuestro, ejecución, control de
teléfonos, etc. Siempre se negó la existencia de este cuerpo, hasta que se mencionó
en un comunicado de las Fuerzas Armadas en septiembre de 1986 (testimonio de
Ramón Custodio López. Ver también testimonio de Florencio Caballero).
97.
El hoy Teniente Coronel Alexander Hernández negó haber participado en el
grupo "de los diez", haber sido parte del Batallón 316 y haber tenido algún tipo de
contacto con el mismo (testimonio de Alexander Hernández).
98.
El actual Director de Inteligencia de Honduras dijo saber, por ser persona que
tiene acceso a todos los archivos de su departamento, que en el año 1984 fue creado
un batallón de inteligencia que se denominó 316, cuya misión era proporcionar
información de combate a las brigadas 101, 105 y 110. Agregó que este batallón
sirvió inicialmente como una unidad de escuela, hasta que se creó la Escuela de
Inteligencia a la que fueron pasando paulatinamente las funciones de adiestramiento,
por lo que finalmente fue disuelto en septiembre de 1987. Añadió que nunca ha
existido un llamado grupo "de los catorce" o "de los diez" dentro de las Fuerzas
Armadas o de seguridad (testimonio de Roberto Núñez Montes).
99.
Según los testimonios recibidos sobre el modus operandi de la práctica de
desapariciones, los secuestros siguieron el mismo patrón: se usaban automóviles con
vidrios polarizados (cuyo uso requiere un permiso especial de la Dirección de Tránsito),
sin placas o con placas falsas y los secuestradores algunas veces usaban atuendos
especiales, pelucas, bigotes, postizos, el rostro cubierto, etc. Los secuestros eran
selectivos. Las personas eran, inicialmente vigiladas y, luego, se planificaba el
secuestro, para lo cual se usaban microbuses o carros cerrados. Unas veces eran
secuestradas en el domicilio, otras en la calle pública. En un caso en que intervino un
carro patrulla e interceptó a los secuestradores, éstos se identificaron como miembros
de un cuerpo especial de las Fuerzas Armadas y se les permitió irse con el secuestrado
(testimonio de Ramón Custodio López, Miguel Angel Pavón Salazar, Efraín Díaz
Arrivillaga y Florencio Caballero).
100. Un exintegrante de las Fuerzas Armadas, que dijo haber pertenecido a la unidad
militar que luego se organizó como Batallón 316, encargada de llevar a cabo los
secuestros, y haber participado personalmente en algunos de éstos, afirmó que el
punto de partida era la orden dada por el jefe de la unidad para investigar, vigilar y
seguir a una persona. Según el testigo, si se decidía continuar el procedimiento, se