-38examen de méritos regulado a través de la Resolución No. 1239-A-92-CACL de 13 de
octubre de 1992.
107. La Corte constata asimismo que las acciones de amparo presentadas por las
presuntas víctimas del presente caso fueron conocidas por el Tribunal Constitucional
mientras se encontraba conformado por cuatro magistrados, debido a que el Congreso
había destituido a los otros tres titulares de la más alta instancia de la jurisdicción
constitucional en el Perú. Al pronunciarse sobre los efectos de la injerencia en la
composición del Tribunal Constitucional para las víctimas del Caso Trabajadores Cesados del
Congreso, y sobre otros elementos de contexto, la Corte señaló lo siguiente:
108.
[E]l presente caso se enmarca en un contexto histórico en el que se dieron numerosos ceses
irregulares del sector público. Esto fue reconocido por el Estado a partir del año 2001 al dictar “leyes y
disposiciones administrativas que dispusieron la revisión de los ceses colectivos a efecto de brindar a los
trabajadores cesados irregularmente, la posibilidad de reivindicar sus derechos” […]. Entre esas medidas
destacan la Ley No. 27487 de 21 de junio de 2001, que dispuso la conformación de Comisiones
Especiales para revisar los ceses colectivos realizados en el marco de procedimientos de evaluación de
personal; una de éstas fue la Comisión Especial encargada de revisar los ceses colectivos del personal
del Congreso […], aunque no comprendiera en sus conclusiones a las presuntas víctimas de este caso
[…]. Además, fue creada una “Comisión Multisectorial” que estaría encargada, inter alia, de evaluar la
viabilidad de las sugerencias y recomendaciones contenidas en los informes finales elaborados por las
Comisiones Especiales, y fue promulgada la Ley No. 27586 para implementar sus recomendaciones […].
De hecho, el Estado solicitó a la Corte que, en caso de que declarara alguna violación a la Convención,
eventualmente aceptara su “compromiso […] de conformar una comisión multisectorial que revise […]
los respectivos ceses y que se otorguen los beneficios […] de los Trabajadores considerados [presuntas]
víctimas en la demanda de la Comisión Interamericana, siguiendo los lineamientos establecidos en las
normas legales que establecían la revisión de los ceses colectivos” […]. Dichas acciones reflejan que el
Estado ha reconocido ese contexto y ha manifestado su voluntad de abrir la posibilidad de que personas
afectadas por esa situación pudieran de alguna manera reivindicar o reparar determinadas
consecuencias perjudiciales de la misma.
[...] El 28 de mayo de 1997 el pleno del Congreso destituyó a los magistrados del Tribunal Constitucional
Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey Terry y Delia Revoredo Marsano. El 17 de noviembre de 2000 el
Congreso anuló las resoluciones de destitución y los reinstaló en sus puestos. En otro caso esta Corte
constató que, mientras duró dicha destitución, el Tribunal Constitucional “quedó desarticulado e
incapacitado para ejercer adecuadamente su jurisdicción, sobre todo en cuanto se refiere al control de
constitucionalidad […] y el consecuente examen de la adecuación de la conducta del Estado a la
Constitución”.
109.
[H]a quedado demostrado […] que la independencia e imparcialidad del Tribunal
Constitucional, como una de las instituciones democráticas que garantizan el estado de derecho, se
vieron coartadas con la destitución de algunos de sus magistrados, lo que “conculcó erga omnes la
posibilidad de ejercer el control de constitucionalidad y el consecuente examen de la adecuación de la
conducta del Estado a la Constitución”. Todo ello generó una situación generalizada de ausencia de
garantías e ineficacia de las instituciones judiciales para afrontar hechos como los del presente caso, con
la consecuente desconfianza generada hacia dichasinstituciones en esa época.
110.
Asimismo, la Corte puntualiza que los hechos del presente caso ocurrieron en el marco de la
llamada “racionalización del personal del Congreso de la República”, el cual fue justificadopor el llamado
Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional, inter alia, como una reorganización o
reestructuración del órgano legislativo del Estado. La Corte considera que ciertamente los Estados
disponen de facultades discrecionales para reorganizar sus instituciones y, eventualmente, para remover
personal en función de las necesidades del servicio público y la gestión de intereses de orden público en
una sociedad democrática, si bien el ejercicio de esas facultades no puede ser sustraído del pleno
respeto a las garantías del debido proceso y protección judicial, pues lo contrario podría someter a los
afectados a una actuación arbitraria. No obstante, el Tribunal ha señalado los términos en que analizará
la controversia existente en este caso a la luz de las obligaciones estatales derivadas de los artículos 8 y
25 de la Convención Americana, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la misma […]. Por ende, la Corte
no entrará a determinar los alcances de ese “proceso de racionalización” como tal, sino si en el contexto
histórico señalado y bajo la normativa bajo la cual fueron cesadas, las presuntas víctimas pudieron