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C) PRUEBA TESTIMONIAL
a.
Testimonio de Santiago Cabrera López, ex combatiente de la
URNG.
Estuvo vinculado al grupo guerrillero conocido como ORPA, integrante de la URNG,
desde el 22 de mayo de 1989. Su ingreso a dicho grupo estuvo motivado, entre otras
razones, por “la falta de justicia en [su] país, la falta de educación [y] salud”.
Fue combatiente en el frente militar Luis Ixmatá, el cual era dirigido por Bámaca
Velásquez, quien era conocido como Comandante Everardo. Operó en el área del
Departamento de San Marcos durante un año y diez meses, hasta que fue detenido
el 8 de marzo de 1991.
Conoció a Jennifer Harbury en 1990 en el campamento de la guerrilla.
Después de un año de haber sido capturado por el Ejército, cuando había ganado la
confianza del mismo, recibió pago por los servicios brindados a la “inteligencia
militar” del Ejército, G-2. No se acogió a la Ley de Reconciliación Nacional.
Fue capturado por siete u ocho agentes de “inteligencia militar” del Departamento de
San Marcos, y “[l]e marcaron el alto, cuando llevaba un quintal de arroz encima y
[lo] golpearon bastante”. Junto con él, fue capturada Anastasia López Calvo,
conocida como “Karina”, y ambos fueron llevados, en un vehículo tipo pick-up, al
destacamento militar de Santo Domingo, Municipio de San Pablo, Departamento de
San Marcos.
Al llegar al destacamento, lo llevaron a un cuarto, donde le “ataron las manos en la
pared hacia arriba y [lo] empezó a golpear uno de los que [lo] capturaron con un
bloque de construcción”. Cuando terminaron de torturarlo, le pidieron información
sobre su campamento y los combatientes. Logró identificar a dos de los oficiales del
Ejército que lo torturaban.
Posteriormente, fueron trasladados al destacamento militar de la comunidad de El
Porvenir, Municipio de San Pablo, Departamento de San Marcos. Ahí, los metieron en
otro cuarto donde los interrogaron y amenazaron de muerte. En horas de la noche,
los llevaron a un sótano del destacamento, lugar donde los mantuvieron por dos
días, al cabo de los cuales prosiguieron los interrogatorios.
Aproximadamente 10 días después fue trasladado a la Zona Militar No. 18 de San
Marcos, donde prosiguieron las torturas y los interrogatorios. En este lugar pudo
apreciar cómo el Ejército capturaba y mataba civiles. Obligaban a los detenidos a
memorizar escritos para aparecer en público y declarar que se habían entregado al
Ejército voluntariamente para ocultar la práctica militar de utilizar ex guerrilleros
para obtener, mediante tortura, información relevante para la “inteligencia militar”.
Lo tuvieron engrilletado por aproximadamente seis meses y durante ese tiempo el
Ejército lo sacaba uniformado como un soldado para realizar tareas como “identificar
combatientes [...] o simpatizantes de la guerrilla”. A partir de dichos seis meses, el
trato que recibía cambió y fueron disminuyendo sus restricciones en la base.
Durante todo ese tiempo que estuvo detenido nunca fue llevado ante un juez o
autoridad con algún cargo formal en su contra.