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En febrero de 1992, lo obligaron a participar en una fuerza denominada Tarea
Quetzal desarrollada inicialmente en las bases militares de San Juan de Loarca del
Municipio del Tumbador, San Marcos, y luego trasladada a Santa Ana Berlín, de
Coatepeque, Quetzaltenango, y que tenía por objetivo “acabar con toda la fuerza
guerrillera”. Como Comandante de esta fuerza de tarea estaba Ismael Segura
Abularach, y también participaba el Coronel Julio Roberto Alpírez. Allí conoció a
otros combatientes de la guerrilla que habían sido capturados, entre ellos, a uno
conocido como Bayardo (Otoniel de la Roca Mendoza).
El 12 de marzo de 1992, el tercer batallón de la Zona Militar No. 18 de San Marcos
capturó a Bámaca Velásquez, en Montúfar en el Municipio de Nuevo San Carlos,
Retalhuleu. Tuvo oportunidad de verlo en una oficina del destacamento de Santa Ana
Berlín de Coatepeque, donde lo mantenían amarrado. Junto con éste estaban el
“Capitán Laco”, el Mayor Mario Ernesto Sosa Orellana y el “Capitán Soto”. Estos
últimos intentaban obtener de Bámaca Velásquez toda la información posible sobre la
guerrilla. Al día siguiente de la captura de Bámaca Velásquez lo enviaron a hablar
con éste para que le dijera que colaborara, porque de lo contrario iba a ser torturado.
En esta oportunidad habló a solas con Bámaca Velásquez y éste le solicitó que si
lograba escapar contara que él había sido capturado vivo y que se encontraba en
Santa Ana Berlín.
Vio en repetidas ocasiones a Bámaca Velásquez durante aproximadamente el mes
que duró su detención en Santa Ana Berlín. En junio de 1992, escuchó decir al Mayor
Mario Sosa Orellana que “el Comandante Everardo se había escapado de la ciudad
capital, pero que [...] nuevamente fue capturado y fusilado por el intento de
escapar”. Sin embargo, en el mes de julio, volvió a ver en la Zona Militar No. 18 a
Bámaca Velásquez, en compañía del Coronel Julio Roberto Alpírez y el Mayor Sosa
Orellana, quienes recomendaron a los demás detenidos que “no podía[n] tener
comunicación con él”. Ayudó a recoger un equipo médico que era para atender a
Bámaca Velásquez y prestó seguridad al cuarto donde él se encontraba. El Coronel
Alpírez le regañó por estar en dicho recinto. En otra ocasión vio a Bámaca Velásquez
“acostado en una cama semidesnudo, con los ojos vendados y un brazo y una pierna
vendados”, con la cara hinchada. A su lado tenía lo que parecía un cilindro de
oxígeno.
Aproximadamente el 22 de julio de 1992 vio por última vez a Bámaca Velásquez en
la Zona Militar No. 18 de San Marcos. En esa oportunidad el Ejército preparaba una
operación militar en el destacamento de “El Porvenir”, a raíz de lo cual grabó una
comunicación por radio de la guerrilla, y lo mandaron a él para que se la presentara
a Bámaca Velásquez para que él dijera qué estaban diciendo en su comunicación.
Después supo a través de Anastasia López Calvo que Bámaca Velásquez estuvo ese
mes de julio en la base militar No. 1715 de Quetzaltenango, y que el trato había sido
diferente ahí, por cuanto “lo ponían a hacer limpieza allí donde estaba y que no lo
amarraban de día”.
Después de un año y 10 meses de estar detenido, y habiendo obtenido la suficiente
confianza de los militares, el testigo hizo uso de un permiso para salir junto con
Simeón Cum Chutá y Martín Pérez Cabrera para pasar la Navidad con su familia,
oportunidad que aprovechó para escapar.
b.
Testimonio
estadounidense.
de
Jennifer
Harbury,
abogada
y
escritora