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Comenzó a tener conocimiento de las violaciones de derechos humanos sufridas por
los campesinos guatemaltecos a inicios de la década de 1980, mientras trabajaba
como abogada cerca de la frontera entre México y Texas. Motivada por las masacres
que se presentaban, decidió viajar a Guatemala para tratar de ayudar en forma más
directa. Ahí empezó a trabajar con víctimas de tortura y gente que intentaba salir del
país, entre ellos, personas involucradas con los grupos guerrilleros. Por cuestiones de
seguridad regresó a su domicilio en Texas en 1986, y decidió escribir un libro sobre
la situación que se vivía en Guatemala. Con este fin, visitaba clínicas secretas de la
URNG, en las cuales se trataba a personas heridas, y ahí recogía testimonios para su
obra. Era simpatizante de la URNG, pero no se hizo guerrillera.
Para realizar las entrevistas para su libro, estuvo por 30 días en el Frente Luis
Ixmatá, que era comandado por Efraín Bámaca Velásquez, conocido como
Comandante Everardo, donde también se encontraba Santiago Cabrera López. El
primero era quien velaba por su seguridad en el lugar y quien arreglaba las
entrevistas. Después de su partida, intercambiaron correspondencia, y a partir de
1991, iniciaron una relación afectiva, mientras se desarrollaban pláticas de paz sobre
el tema indígena en la ciudad de México. Después, ambos se trasladaron a Texas,
donde se unieron legalmente “por un tipo de matrimonio que es muy parecido a
unión de hecho”. Bámaca Velásquez posteriormente regresó a Guatemala.
A mediados de marzo de 1992, se trasladó a México D.F., donde se reunió con
miembros de la ORPA, quienes le comunicaron que Bámaca Velásquez había
desaparecido después de un enfrentamiento armado cerca de Nuevo San Carlos. La
prensa guatemalteca había dado a conocer, al día siguiente de los hechos, que el
Ejército había encontrado en el lugar un cadáver vestido con un uniforme verde olivo.
Según las informaciones que le fueron suministradas, luego de su captura Bámaca
Velásquez estuvo detenido inicialmente en el destacamento de Santa Ana Berlín,
luego fue trasladado a ciudad de Guatemala, luego a Quetzaltenango y finalmente,
en julio de 1992, estuvo en San Marcos. Según la información que le proporcionó el
Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, Bámaca Velásquez
continuaba con vida en mayo de 1993 junto con otros 350 prisioneros.
Se comunicó telefónicamente con el señor Ramiro de León Carpio, entonces
Procurador de los Derechos Humanos en Guatemala, quien posteriormente le informó
por vía epistolar del hallazgo de un cadáver el 13 de marzo de 1992, el que fue
enterrado posteriormente en Retalhuleu como XX, y cuya descripción concordaba,
según la carta, con la de Bámaca Velásquez. Sin embargo, ante la falta de
información que recibieron de la G-2, dudaron sobre la muerte de éste. Por esta
razón, de León Carpio solicitó oficialmente realizar una exhumación del cadáver
enterrado en Retalhuleu.
La exhumación se llevó a cabo en mayo de 1992, y estuvieron presentes como
observadores internacionales Francis Farenthall, James Harrington, Tony Quale y la
testigo. Además se encontraban el juez del lugar, el médico forense de la oficina de
derechos humanos, Leonel Gómez, el fotógrafo forense, el administrador del
cementerio y dos excavadores. Mientras estaban abriendo la fosa, se presentaron 25
policías armados, quienes los hicieron arrodillarse y manifestaron “estamos aquí
también para observar”. Luego prosiguieron con la diligencia y, cuando se disponían
a levantar el cadáver, llegó en helicóptero el Procurador Nacional, Acisclo Valladares,
gritando que tenían que detener la exhumación, luego de lo cual no se pudo
continuar con la diligencia. Valladares manifestó que, entre los motivos que impedían
la realización de la diligencia, estaban que la misma no había sido aprobada por su