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1.2. 1. Identificación como ‘enemigo interno’
44.
Con base en la Doctrina de Seguridad Nacional del Estado, el Ejército identificó a la
población indígena maya como el ‘enemigo interno’, al considerar que constituían o podían constituir la
base de apoyo a la guerrilla21. La CEH concluyó que esta política se basó en el racismo existente en
contra de la población indígena maya expresado como doctrina de superioridad y manifestada en el
actuar del Estado guatemalteco22.
45.
Asimismo, la CEH documentó que:
En los años de exacerbación del enfrentamiento (1978-1983), con la ampliación de la base de
apoyo y el ámbito de acción de la guerrilla, en varias regiones del país el Ejército identificó a los
mayas como grupo afín a la guerrilla. En algunas ocasiones esta identificación se produjo en
razón de la efectiva existencia de su apoyo a los grupos insurgentes, así como de condiciones
preinsurreccionales en áreas de limitada extensión en el interior del país. Sin embargo, la CEH ha
llegado a precisar que, en la mayoría de los casos, la identificación entre las comunidades mayas
y la insurgencia fue intencionadamente exagerada por el Estado que, apoyándose en
tradicionales prejuicios racistas, se sirvió de esta identificación para eliminar las posibilidades
presentes y futuras para que la población prestara ayuda o se incorporara a cualquier proyecto
23
insurgente .
46.
Específicamente, el Plan de Campaña Victoria 82 estableció que:
[…] Las grandes masas indígenas del altiplano de la nación han encontrado eco en las proclamas
de la subversión por ser sus banderas la escasez de tierra, la inmensa pobreza y debido a los
largos años de concientización recibida, ven al Ejército como a un enemigo invasor (sólo algunas
áreas que están bajo control) aunando a esto una buena cantidad de errores cometidos por las
tropas tales como [v]andalismos, violaciones, robos y destrucción de cosechas, los cuales han sido
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explotados hábilmente por la subversión nacional e internacional .
1.2.2. Operaciones de tierra arrasada
47.
Las masacres y operaciones de tierra arrasada significaron el exterminio de
comunidades mayas completas. Como consecuencia de la política de Estado:
[Las] masacres indiscriminadas, fueron acompañadas por el arrasamiento de aldeas. […] [E]n el
norte de Huehuetenango, Rabinal y Zacualpa se incendiaron aldeas enteras, se destruyeron los
bienes y se quemaron trabajos colectivos de siembra o cosechas, quedando sin alimentos las
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poblaciones .
21
Anexo 1. CEH, Memoria del Silencio, Tomo V, Conclusiones y Recomendaciones, párr. 15.
22
Anexo 1. CEH, Memoria del Silencio. Tomo V, Conclusiones y Recomendaciones, párr. 33.
23
Anexo 1. CEH, Memoria del Silencio, Tomo V, Conclusiones y Recomendaciones, párr. 31.
24
Anexo 3. CEH, Memoria del Silencio, Tomo III, Las violaciones de los derechos humanos y los hechos de violencia,
párr. 2985.
25
Anexo 1. CEH, Memoria del Silencio, Tomo V, Conclusiones y Recomendaciones, párr. 116.