última naturaleza, cuando ella depende de dos factores, los recursos disponibles y la cooperación
internacional, que escapan de la sola voluntad del Estado concernido.
35. Sobre este particular, es necesario llamar la atención acerca de que lo que establece el artículo
26 es semejante a lo previsto en el artículo 2 de la Convención, esto es, que los Estados se obligan
a adoptar, en este último, medidas si el ejercicio de los derechos consagrados en el artículo 1 de la
Convención no estuviere garantizado50 y en el segundo, providencias en vista de lograr
progresivamente la plena efectividad de los derechos que se derivan de las normas de la Carta de
la OEA que alude, aunque ambas disposiciones difieren en que esta última condiciona el
cumplimiento de lo que establece a la cooperación internacional y a la disponibilidad de los
correspondientes recursos.
36. Considerando lo precedente, importa interrogarse, en consecuencia, respecto la razón por la
que se convino el artículo 26 y, por tanto, por qué no se abordaron los derechos a que se remite de
la misma forma en que se hizo en cuanto a los derechos civiles y políticos. La respuesta sustentada
en la buena fe no puede ser otra que la Convención contempló que ambos tipos de derechos
humanos, si bien están estrechamente vinculados entre sí en razón del ideal al que se aspira, cual
es, según su Preámbulo, el de crear las condiciones que permitan su “goce”51, son, empero, distintos
y particularmente, de desigual desarrollo en el ámbito del Derecho Internacional Público, por lo que
deben tener un tratamiento diferenciado, que es precisamente lo que aquella hace en vista de lo
que también indica su Preámbulo52.
37. Entonces y al amparo del principio de buena fe, procede subrayar que de la circunstancia de
que en el Preámbulo de la Convención se afirme que la persona debe gozar de sus derechos
económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos, no se colige, como
lo hace la Sentencia, que el efecto útil del artículo 26 es que las violaciones de los derechos a que
alude son justiciables ante la Corte, sino únicamente que los Estados deben adoptar las providencias
pertinentes, incluyendo lo pertinente a la cooperación internacional y según los recursos de que
dispongan, para hacer progresivamente efectivos dichos derechos.
38. Como una acotación adicional, resulta imperioso expresar que es sorprendente que la
Sentencia no se haya referido más extensamente, en parte alguna, a la buena fe como elemento
tan esencial como los otros que contempla el art.31.1 de la Convención de Viena para la
interpretación de los tratados. En el mismo sentido, es también insólito que no suministre ninguna
explicación acerca de la inclusión del artículo 26 en un capítulo separado de los derechos políticos
y civiles y, en particular, de cuál sería su razón de ser y su efecto útil. La Sentencia no da respuesta
alguna en lo que dice relación al motivo o razón de la existencia del artículo 26 en tanto norma
diferente a las previstas en cuanto a los derechos civiles y políticos.
Art. 2: “Deber de Adoptar Disposiciones de Derecho Interno. Si el ejercicio de los derechos y libertades mencionados en
el artículo 1 no estuviere ya garantizado por disposiciones legislativas o de otro carácter, los Estados Partes se comprometen
a adoptar, con arreglo a sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta Convención, las medidas
legislativas o de otro carácter que fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y libertades.
50
Párr. 4°: “Reiterando que, con arreglo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sólo puede realizarse el ideal
del ser humano libre, exento del temor y de la miseria, si se crean condiciones que permitan a cada persona gozar de sus
derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos.”
51
Considerando 5°: ”… la Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria (Buenos Aires, 1967) aprobó la incorporación
a la propia Carta de la Organización de normas más amplias sobre derechos económicos, sociales y educacionales y resolvió
que una convención interamericana sobre derechos humanos determinara la estructura, competencia y procedimiento de los
órganos encargados de esa materia”.
52
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