14
era un acto peligroso que significaba exponerse a sufrir amenazas, torturas, desaparición o
muerte. En particular, destacaron las conclusiones de la Comisión de Esclarecimiento
Histórico en el sentido de que una estrategia preferida por la represión de esos años fue la
de estigmatizar y culpabilizar a las víctimas y las organizaciones para transformarlas en
criminales ante la opinión pública y, en consecuencia, en objetivos legítimos de la represión.
25.
Subrayaron que en los 27 casos denunciados de desaparición forzada, las
víctimas respondían al perfil de supuesto “enemigo interno” establecido en los Planes de
Campaña y manuales militares. El modus operandi de estos casos fue consistente con los
patrones utilizados en los operativos encubiertos de inteligencia militar. Señalaron que los
recursos materiales para la ejecución de las desapariciones forzadas sólo podían provenir de
la estructura estatal militarizada, porque los operativos se realizaban por un número
importante de agentes armados, que se conducían en carros con vidrios polarizados y
utilizaban radios para comunicarse. Indicaron que el Ejército no utilizó su inteligencia para
desarticular los grupos de oposición de acuerdo a procedimientos propios del Estado de
Derecho, sino que su objetivo fue la destrucción y eliminación de esos grupos, utilizando
cualquier medio. Indicaron que en el Manual de Guerra Contrasubversiva del Ejército de
Guatemala de 1978 se establece que la persecución de personas “ideológicamente
comprometidas” –incluso si no eran miembros de organizaciones armadas- era una política
de Estado.
26.
Indicaron que los detenidos eran encerrados, incomunicados y torturados en
cárceles secretas que formaban parte de una red clandestina de centros de detención,
pudiendo ser casas particulares, bases o destacamentos militares o centros policiales.
Expresaron que estos lugares contaban con diversas instalaciones preparadas para la tortura
de los detenidos. Los métodos de captura y condiciones de detención de los secuestrados
estaban establecidos en documentos oficiales (por ejemplo, el Plan de Campaña “Victoria
82”). Los centros de detención eran secretos, ilegales e inaccesibles al control de las
autoridades judiciales. Sólo personal autorizado dentro de la cadena de mando de la
estructura militar tenía acceso a los detenidos y cualquier pedido de información por parte de
sus familiares y/o autoridades judiciales era denegado en forma sistemática.
27.
Informaron que los interrogatorios a las personas detenidas en cárceles
clandestinas eran generalmente conducidos por miembros de la G-2 o el Archivo, quienes
utilizaban métodos de tortura, física y psicológica, incluyendo violaciones sexuales u obligar
a los secuestrados a presenciar las torturas de otras personas, a veces de sus seres
queridos. Luego de la tortura, la mayoría de las víctimas eran ejecutadas. Informaron que la
tortura iba usualmente acompañada de violación cuando las víctimas eran mujeres. La
degradación de la persona era parte del plan sistemático de la represión, puesto que la
tortura implicaba un sistema considerado por el Ejército eficaz para obtener información que
era utilizada para continuar con las políticas represivas de captura, interrogación y eventual
asesinato de las personas catalogadas como “enemigos internos” del Estado. Sin embargo,
esta información sólo era conocida parcialmente por las unidades encargadas de la represión.
Según los peticionarios, sólo la máxima estructura de la represión, la Dirección de
Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, conocía la totalidad de la información.
Al respecto, expresaron que la secretividad y la compartimentación de la información tenía
como propósito garantizar que no se pudiera determinar la autoría intelectual de los hechos.
En ese sentido, indicaron que en los operativos destinados a secuestros había una clara
división de tareas entre los agentes que participaban de la vigilancia y seguimiento de los
“objetivos”, quienes despejaban el área, y quienes efectuaban el secuestro. Estaban
involucrados tanto la Policía Nacional como agentes del ejército, del G-2 y del Archivo, entre
otras fuerzas de seguridad del Estado.
28.
Los peticionarios indicaron que el Diario Militar reveló que en Guatemala
hubo una planificada y elaborada estrategia de desapariciones forzadas en las zonas urbanas