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La testigo fue subida a un vehículo junto con el señor “Castrellón”. Cerca de las seis
o seis y media de la mañana la trasladaron a la DINCOTE, donde le tomaron “las
generales [de…] ley”. El 2 ó 3 de diciembre de 1995 comenzaron los interrogatorios,
en un inicio “el trato fue cordial”. A partir del 4 de diciembre de 1995 se realizaron
los interrogatorios más serios, los cuales ocurrieron luego de que fuera llevada a
realizar una “diligencia en su departamento”. Los interrogatorios fueron hechos por
un Fiscal Militar, un Mayor de la Policía, un Capitán y, a veces, un Coronel. Cuando la
testigo procedió a rendir su declaración instructiva, el 9 de diciembre de 1995, que
duró varias horas, empezó a observar problemas; le dijeron “ya sabemos todo”, y
fue ahí donde “se estable[ció] la versión que termin[ó] diciendo en la instructiva”, al
no poder manifestar otra cosa, ya que el tono era “bastante amenazante [y …] no
tenía abogado”. Durante los interrogatorios, no estuvo presente el abogado de la
presunta víctima y tampoco se le informó que sus respuestas podían tener valor
probatorio en su contra. La primera vez que la señora Berenson pudo entrevistarse
con su defensor, el señor Grimaldo Achahui Loaiza, fue el 9 de diciembre de 1995,
“después [de haber] dado once horas de instructiva policial”. No se le permitió tener
entrevistas privadas con su abogado.
El primer día de detención se le hizo un estudio médico-legal para determinar si
había sido golpeada o violada; en dicho peritaje la presunta víctima no contó con la
presencia de su abogado. También fue llevada a dos diligencias de registro, una de
ellas en su departamento, el día 4 de diciembre de 1995, sin la presencia de su
abogado. Quienes la condujeron tenían la llave del lugar. Asimismo, se realizó una
reconstrucción en el inmueble ubicado en la Avenida Alameda del Corregidor el día
15 de diciembre de 1995, de la que su abogado no fue notificado. Aunque le
manifestaron que había armamento y otras cosas en el lugar, la señora Lori
Berenson sostiene que no había nada de eso en su cuarto.
El 7 u 8 de diciembre de 1995 pudo hablar con sus familiares. Los diálogos fueron
muy breves, en las oficinas de la DINCOTE.
Nunca le informaron los cargos en su contra. El 15 de diciembre de 1995 se le tomó
declaración instructiva en el fuero militar, la que fue basada en la instructiva policial.
No tuvo oportunidad de presentar pruebas en dicho juicio; tampoco en la etapa
instructiva policial. Su abogado contó con muy poco tiempo para estudiar el
expediente, de más de mil hojas, y preparar la defensa. Muy pocas veces pudo
reunirse con él y siempre en forma limitada; en ocasiones, esos encuentros fueron
grabados. Tampoco pudieron contrainterrogar a los testigos ni a los demás
procesados. Ni la presunta víctima ni su abogado presenciaron la presentación del
caso ante el tribunal por parte de los fiscales militares. Durante el proceso,
solamente pudo estar frente al Tribunal que la juzgaba en el momento de su
interrogatorio y cuando se dictó sentencia.
El 8 de enero de 1996, tres días antes de que el juez militar dictara la sentencia en
contra de la testigo, ésta fue presentada a la televisión. Fue conducida a una sala,
donde un Coronel le informó que iba a ser expuesta y tendría que gritar si quería ser
escuchada. No pudo consultar con su abogado la conveniencia o no de esta situación.
La escoltaron a una especie de tarima, donde había mucha gente y bastante luz,
periodistas y militares que gritaban su nombre y exclamaban: “terroristas, traidores
a la patria”. La presunta víctima levantó la voz y se mostró bastante molesta, de lo
cual se arrepiente, ya que no quiso dejar esa imagen. Posteriormente impugnó el
valor probatorio de dicha declaración, sin obtener resultado alguno. La señora