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i)
Dictamen de Deborah S. Munczek, psicóloga,
Llevó a cabo un estudio con la organización COFADEH sobre los efectos
psicosociales de desapariciones y asesinatos políticos en los familiares
sobrevivientes, trabajando con distintos tipos de pruebas y con gente afectada que
llegaba a la organización.
En 1992 estuvo presente cuando llegó la madre de Juan Humberto Sánchez a
COFADEH y compartió con ella unos días. Tiempo después fue a visitar la zona y
conoció a varios familiares de Juan Humberto.
En cuanto a la madre, recuerda que apenas podía hablar, estaba como en
“shock”. En ese tipo de situaciones lo que debe hacerse es acompañar y situar a la
persona en la realidad. La muerte per se es difícil de superar pero con mayor razón
cuando ésta es violenta y, además, a manos del Estado. Frente a la impunidad hay
sentimientos de injusticia y de impotencia. Hay estados de depresión y en vez de
ser el duelo un proceso, éste puede convertirse en un estado permanente.
Manifestó que María Dominga Sánchez se vio sumamente afectada y aún lo está. Si
bien a lo largo de su vida ha enfrentado tragedias, ya que perdió a dos hijos y a su
primer marido en nueve meses, la muerte de Juan Humberto le afectó en mayor
escala, que como ella le indicó “fueron hombres que lo mataron”, y no estuvo “en
manos de Dios”, como los anteriores acontecimientos. La perito consideró como
hecho relevante que afecta a María Dominga, la imposibilidad de enterrar a su hijo
“como a un cristiano”. Sigue sufriendo síntomas de estrés post-traumático.
Con respecto a la hija, Domitila, considera que también se vio muy afectada,
aunque de una manera diferente. Ella recuerda muy bien el allanamiento de su
casa. El impacto más grande fue la reacción de su madre y de su padre, quienes se
enfermaron y no pudieron ser su apoyo. Los hijos tuvieron que trabajar,
manifestando Domitila: “antes eran ellos que trabajaban para nosotros y después
éramos nosotros, para ellos”. Sigue sufriendo consecuencias económicas, ya que
para asistir a las audiencias de la Corte tuvo que dejar su trabajo y a su hijo al
cuidado de su hermana, quien también se vio obligada a renunciar a su trabajo
para ayudarla.
Con respecto al padre, Juan José Vijil, si bien no lo entrevistó al parecer
padeció psicosis, paranoia y pérdida de memoria. No se encuentra en condiciones
normales, sufrió un quiebre con la realidad y por razones económicas no pudo ser
sometido a tratamiento médico.
Con respecto a la familia afirmó también que tanto la madre como la hermana
de Juan Humberto Sánchez manifestaron su temor de declarar ante la Corte.
Consideró que es importante que tanto los padres y la hermana, así como otros
familiares de la presunta víctima reciban tratamiento psicoterapeútico.
Manifestó que el hecho que Juan Humberto Sánchez colaborara con la guerrilla no
alteró la escala de sufrimiento que su familia pudo haber tenido si hubiera sido un
agricultor, ya que en 1991 hubo una amnistía que motivó su regreso a Honduras,
comenzando una etapa diferente de vida familiar.
j)
Dictamen de Héctor Fortín Pavón, abogado hondureño
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