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padres. Esto sucedió en el caso de Ingrid Elizabeth Gómez Ayala, lo cual se tradujo
en una limitación de sus posibilidades de desarrollo y de existencia de una mujer
joven que tiene todas las potencialidades de vida.
Además, se produce una retracción, un ensimismamiento en la afectividad de los
familiares de las víctimas, como si volver a establecer lazos afectivos los pusiera en
riesgo de nuevas pérdidas. Sin embargo, es importante destacar que hay diferencias
al interior de la familia, por el tipo de lazos que los unían con la víctima. “No es lo
mismo los efectos en los padres, en los hijos, en los hermanos”.
En general, los afectados no sienten deseos de nada y muchas veces dicen que
quieren morir porque el dolor es tan intenso que pareciera que la muerte es la única
manera de salvación frente a ese dolor.
Otra constante en los familiares de las víctimas es el daño físico, pues padecen de
enfermedades múltiples. Particularmente en el caso de los padres, las enfermedades
de carácter psicosomático comenzaron a partir del asesinato de sus hijos.
1.
Respecto del testigo Salvador González Najarro:
Expresó que tenía problemas de deglución y en el aparato digestivo. Asimismo,
constantemente pasa varios días sin poder comer y siente problemas de carácter
intestinal, ardores, lo que indica la posibilidad de que haya una úlcera. Según le
relató el señor González, estos problemas surgieron cuando supo que su hijo había
muerto y desde entonces no ha podido recuperar su salud. Es importante subrayar la
condición de hijo primogénito que tenía la víctima, pues en su cultura el hijo
primogénito tiene un lugar fundamental y esa pérdida no puede ser sustituida por
otro hijo.
2.
Respecto a la testigo Blanca Esperanza Ayala de la Cruz:
También le refirió problemas de salud, entre los que destaca la enfermedad del
corazón. Resaltó que las enfermedades psicosomáticas que existen, no son
inventadas por el paciente y tienen un origen psicológico. Blanca Esperanza le relató
que tampoco ha podido volver a trabajar desde lo sucedido.
3.
Respecto del testigo Tino Corado Barrientos:
Señaló que éste pertenece a una familia donde todos los varones han muerto, por
distintas razones. Tino es el último representante masculino en el núcleo familiar y,
producto de ello, siente mucha responsabilidad. Resaltó como significativa la elección
de su oficio como guardaespaldas y advirtió que ese hecho se puede interpretar
como una forma de “controlar la muerte”, o también como una forma de poner su
vida en riesgo, para continuar con la genealogía familiar, en lo que podría
considerarse una identificación patológica con los aspectos más duros de la figura
perdida.
4.
Respecto de la testigo Miriam Enoé Zelada Chinchilla:
Su situación es similar a la de Tino Corado Barrientos, por su condición de hermana
de una de las víctimas. Toda la angustia y preocupación que demuestra es acerca del
dolor de su madre, porque ésta nunca ha podido superar la muerte de su hijo. Su
madre se quedó encerrada en el cuarto de la víctima durante 15 días después de la
muerte de ésta y, según Miriam, no logra salir de este espacio, como si fuese una