159. Además, el testimonio de la señora Rufina Amaya refiere la crueldad con la que
actuaron las fuerzas de seguridad al relatar que: “vio que los soldados tenían vendados y
amarrados de los pies y con las manos amarradas hacia atrás a todos los hombres, dentro
de la ermita que tenía sus puertas abiertas, todos los hombres estaban boca abajo en el
suelo, y también vio que los soldados se paraban encima de ellos, y les levantaban la
cabeza hacia atrás, entonces los hombres gritaban da dolor; después vio que los levantaban
del suelo y con corvo a uno por uno les iban cortando la cabeza, después arrastraban sus
cuerpos y cabezas hacia el convento y allí iban dejando el montón de muertos, pero como
algunos hombres trataban de escaparse los ametrallaban”200.
160. El testimonio de Rufina Amaya también da cuenta que primero fueron ejecutados los
hombres y adolescentes, posteriormente las mujeres y, finalmente, los niños y niñas más
pequeños (supra párrs. 92 y 94). El hecho de que las mujeres fueran sacadas de los lugares
donde permanecían privadas de libertad dejando a sus niños y niñas solos, pudo generar en
estos últimos sentimientos de pérdida, abandono, intenso temor, incertidumbre, angustia y
dolor, los cuales pudieron variar e intensificarse dependiendo de la edad y las circunstancias
particulares201.
161. En lo que respecta a las demás masacres, en razón de que ha sido probado que los
habitantes de estas zonas tenían conocimiento del operativo y algunos recibieron noticias de
personas que venían escapando sobre el accionar violento de las fuerzas militares, la Corte
considera razonable que hayan padecido angustia y temor en los momentos previos al
arribo de los soldados, ya que pudieron prever que serían privados de su vida de manera
arbitraria y violenta, lo cual constituyó un trato cruel e inhumano.
162. De acuerdo con el reconocimiento de hechos efectuado por el Estado, el
reconocimiento de responsabilidad a nivel interno y las determinaciones realizadas por este
Tribunal, los hechos que precedieron a la ejecución de las personas que se encontraban en
el caserío El Mozote, los cantones La Joya y Cerro Pando, los caseríos Ranchería, Los Toriles
y Jocote Amarillo y una cueva del Cerro Ortiz, implicaron para ellos un sufrimiento físico,
psicológico y moral violatorio de su derecho a la integridad personal reconocido en el
200
Declaración jurada rendida por Rufina Amaya Vda. de Márquez ante la Oficina de Tutela Legal del
Arzobispado el 10 de octubre de 1990 (expediente de prueba, tomo II, anexo 20 al sometimiento del caso, folio
1575). Ver también, Declaración de testigo rendida por Rufina Amaya ante el Juzgado Segundo de Primera
Instancia de San Francisco Gotera el 30 de octubre de 1990 (expediente de prueba, tomo III, anexo 23 al
sometimiento del caso, folios 1660 a 1665).
201
“Cada niño reacciona de manera diferente antes las consecuencias de un conflicto armado. La respuesta
depende de la edad, el género, el tipo de personalidad, la historia personal y familiar, el origen cultural y la
experiencia, así como de la índole y la duración del conflicto”. Naciones Unidas, El Examen Machel 1996-2000,
Análisis crítico de los progresos realizados y de los obstáculos con que se ha tropezado en la tarea de aumentar la
protección de los niños afectados por la guerra, A/55/749, 26 de enero de 2001, pág. 27. Por ejemplo, entre las
diferentes circunstancias que pueden influenciar la repercusión psicosocial de la violencia sobre los niños, “cabe
mencionar factores individuales como la edad, el sexo, el tipo de personalidad, los antecedentes personales y
familiares y los antecedentes culturales. Habrá otros factores que estarán vinculados a la naturaleza de los hechos
traumáticos, como su frecuencia y la duración de la experiencia. Los niños que sufren de estrés muestran una
amplia gama de síntomas, como una mayor ansiedad de la separación y retrasos en el desarrollo, perturbación del
sueño y pesadillas, falta de apetito, comportamiento retraído, falta de interés por jugar y, entre los niños de menos
edad, dificultades de aprendizaje. Entre los niños de más edad y los adolescentes las respuestas al estrés pueden
incluir reacciones como un comportamiento ansioso o agresivo y depresiones”. Naciones Unidas, Las Repercusiones
de los Conflictos Armados sobre los Niños, Informe de la experta del Secretario General, Sra. Graça Machel,
presentado en virtud de la resolución 48/157, A/51/306, 26 de agosto de 1996, párr. 168. Del mismo modo, en el
contexto de huídas en los conflictos armados, “[a]unque la decisión de partir normalmente la toman los adultos,
aun los niños más pequeños reconocen lo que está sucediendo y pueden percibir la incertidumbre y el temor de sus
padres”. Naciones Unidas, Las Repercusiones de los Conflictos Armados sobre los Niños, supra, párr. 67.
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