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En el último incendio hubo un motín, en el que los guardias mataron sin motivo
alguno a un compañero suyo, razón por la cual los internos se pusieron furiosos y
comenzaron a quemar todo. Los guardias les tiraban gas lacrimógeno, les daban
golpes muy fuertes y, además, comenzaron a dispararles con ametralladoras. Los
internos tenían cuchillos y estuvieron “a punto de matar a dos celadores”.
En Emboscada uno de los guardias le derramó “cocido caliente” en el cuello.
Consideró vengarse pero prefirió cortarse en varias partes la piel porque pensaba
aguantar todo por su libertad, ya que desde hacía siete meses estaba en un
calabozo. Pidió que llamaran a su abogada después de que le habían acusado de
violación y, además, él quería un análisis de su cuerpo, pero el guardia carcelario le
dijo que ahí se solucionaba todo con tres o seis meses de castigo. No puede dormir y
vive un gran susto porque su cabeza vale dinero. Sin embargo, tiene que aguantarse
porque, si no es así, lo matarán de un tiro y dirán que fue intento de fuga. Hasta en
el “cocido” parece que le ponen algún remedio para dormir y hacerlos más débiles.
Solicitó su libertad al Tribunal porque es lo único que lo mantiene con vida, ya que
hasta ha pensado en suicidarse. Finalmente, quiere salir y no volver a entrar, ya que
quiere trabajar, tener familia, ser abogado y ayudar a los demás internos más
adelante.
c) Testimonio de Arsenio Joel Barrios Báez, ex interno del Instituto
Entró por primera vez al Instituto en 1997 a la edad de 14 años. El joven expresó
que el Instituto era “un desastre”. Cuando entró no lo atendió ningún médico y
mientras estuvo internado nunca fue condenado. En el Instituto pudo ver un
abogado y salió en libertad. En 1998 volvió a entrar, debido a que hubo un robo en
su barrio y fue culpado porque tenía antecedentes penales. En esa ocasión estuvo un
año y tuvo un abogado. Posteriormente, al cumplir 20 años pasó a la Penitenciaría
de Tacumbú. Ya le han dado su libertad tres veces pero un oficial le ha dicho que
tiene otras causas pendientes y, por tanto, no lo dejan salir.
El día del incendio de 11 de febrero de 2000 estaba dormido y se quemó, por lo cual
estuvo internado un mes en el hospital. El día del incendio algunos internos ya
estaban muertos cuando un celador abrió la puerta. Los bomberos llegaron dos horas
después de iniciado el incendio. Uno de sus compañeros ya tenía su libertad desde
diciembre de 1999 y no se la habían dado. Ya no quiere acordarse del tema del
Instituto.
Solicitó a la Corte su libertad y que se haga justicia por lo que sucedió en el
Instituto. Asimismo, solicitó una oportunidad, ya que ha recorrido varias cárceles.
d) Testimonio de Hugo Antonio Vera Quintana, ex interno del Instituto
Entró por primera vez al Instituto a los 15 años. Posteriormente, como castigo, fue
trasladado a la cárcel de Oviedo, en la cual estuvo en contacto con mayores de edad.
No se acuerda del año del incendio, ni del tiempo que estuvo internado en el
hospital. La cárcel es un “mundo tremendo”.
En el Instituto, la celda era muy chica y la puerta siempre estaba cerrada. Además,
no tenía sábanas, jabón, ni pasta de dientes. La comida no era ni “fea ni linda”. En el