6
satisfacción moral de la víctima, tema en el que se han ocupado la jurisprudencia
internacional y varias resoluciones de la Corte. Esta “ha reiterado en su
jurisprudencia que en relación a la solicitud de que el Estado presente una disculpa
pública como reparación a las violaciones cometidas, la sentencia sobre el fondo del
caso constituye, en sí misma, una forma de reparación y satisfacción moral de
significación e importancia para la víctima y sus familiares...5”.
22.
Esta es la primera vez que la Corte se refiere explícitamente al derecho a la
verdad, aducido en la demanda de la Comisión. La novedad que la Sentencia aporta
en este punto pudiera conducir a mayor exploración en el porvenir, que contribuya a
fortalecer el papel de la jurisprudencia interamericana sobre derechos humanos como
factor de lucha contra la impunidad. La demanda social de conocimiento de los
hechos violatorios y el derecho individual al conocimiento de la verdad se dirigen
claramente al destierro de la impunidad, que propicia la violación de los derechos
humanos.
IV.
APLICACIÓN DE LOS CONVENIOS DE GINEBRA
23.
La resolución de la Corte formula también algunas precisiones a propósito de
la aplicabilidad al presente caso del artículo 3 común de los Convenios de Ginebra.
Sobre esta cuestión, queda claro que la competencia del tribunal interamericano para
dirimir litigios, ratione materiae, se circunscribe a las violaciones a la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, en tanto aquél se halla expresamente investido
de jurisdicción contenciosa para conocer de los casos relativos a “la interpretación o
aplicación” de dicha Convención (artículo 62.1 y 3), a los que pudieran añadirse los
expresamente asignados a la Corte por otros tratados o convenios vigentes en
América, como ocurre en la Convención Americana para Prevenir y Sancionar la
Tortura, hipótesis que también se examina en esta Sentencia. Por ello, el tribunal no
puede aplicar directamente las normas del Derecho internacional humanitario
recogidas en los Convenios de Ginebra, de 1949, y resolver bajo su amparo una
controversia, decidiendo que hubo violación de las disposiciones de estos
instrumentos convencionales.
24.
Lo anterior no impide que, como lo ha señalado la propia Corte 6, esas
disposiciones del orden internacional humanitario --otra vertiente del sistema
internacional que reconoce la condición del individuo como sujeto del Derecho de
gentes--, sean tomadas en cuenta para la interpretación de la propia Convención
Americana. No se trataría, en la especie, de aplicar directamente el artículo 3 común
de los Convenios de Ginebra, sino de admitir los datos que proporciona el conjunto
del orden jurídico --al que ese precepto pertenece-- para interpretar el sentido de
una norma que el tribunal debe aplicar directamente.
5
Así, en Caso Suárez Rosero. Reparaciones (art. 63.1 Convención Americana sobre Derechos
Humanos). Sentencia de 20 de enero de 1999. Serie C No. 44, párr. 72; Caso Loayza Tamayo.
Reparaciones (art. 63.1 Convención Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de
27 de
noviembre de 1998. Serie C No. 42, párr. 158; y Caso Caballero Delgado y Santana. Reparaciones
(Artículo 63.1 Convención Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de 29 de enero de 1997.
Serie C No. 31, párr. 58.
6
cfr. Caso Las Palmeras, Excepciones preliminares. Sentencia de 4 de febrero de 2000, párrs.
32-34; en éste, se advierte que la Convención Americana “sólo ha atribuido competencia a la Corte para
determinar la compatibilidad de los actos o de las normas de los Estados con la propia Convención, y no
con los Convenios de Ginebra de 1949.