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En este tipo de situaciones, el dolor no se pierde nunca, y a pesar del transcurso del
tiempo “cualquier mínima cosa que recuerde al desaparecido, o al hecho o las
circunstancias es suficiente para descargar de nuevo absolutamente todo el sufrimiento
previo”.
Cuando los familiares conocen que la persona está siendo objeto de torturas, padecen
“un sufrimiento que es incluso mayor al real de la tortura física”, por tratarse de tortura
psicológica de duración prolongada. La posibilidad de que el detenido sea sometido a
torturas, es “un sufrimiento insoportable para las personas que lo saben”, y aunque
puede resultar menos doloroso el presuponer que aquél ha muerto, ello constituye un
pensamiento inaceptable, pues “al pensarlo muerto [se lo está] matando”, entonces se
vuelve a considerar que el detenido se encuentra con vida, lo cual implica que está
siendo torturado, y esto genera “un círculo vicioso de pensamientos torturantes”.
En relación con Jennifer Harbury, pudo constatar que la desaparición de su esposo le ha
afectado profundamente su estado psicológico. Cuando se enteró que algo le había
sucedido a Efraín Bámaca Velásquez, el nivel de dolor emocional, tensión general y
ansiedad fue extremado, al punto de tener repercusiones en su propio físico, como
dolores musculares o problemas gástricos. Algunas de las secuelas, como la retención
de imágenes vívidas, el insomnio -causado por el deseo de no dormir y así no tener
pesadillas-, una profunda depresión y fatiga, y la “imposibilidad de sentirse contenta, de
disfrutar de cosas que en el pasado ella disfrutaba mucho”, permanecen hasta la fecha,
en lo que conforma una sintomatología denominada desorden post-traumático.
Asimismo, cuando se enteró que Efraín Bámaca Velásquez había muerto, desarrolló “una
depresión bastante considerable y preocupante”. Hoy en día, la señora Harbury siente
un remordimiento de que pudo haber hecho algo más en relación a la búsqueda de su
esposo, aunque eso no sea verdad.
Con respecto a las hermanas de Efraín Bámaca Velásquez, ellas guardan un sentimiento
de impotencia y un gran pesar, y mantienen el deseo y la esperanza de que el señor
Bámaca Velásquez aparezca. Además, aunque tienen conocimiento que su hermano
está muerto, “todavía hay un resto de duda, porque no tienen los restos”, no han visto
su cuerpo muerto.
Los lazos familiares afectivos son muy estrechos en la familia Bámaca Velásquez,
particularmente por pertenecer a una cultura indígena en que existe mucha cohesión en
la familia. Inclusive los miembros del grupo ya fallecidos todavía figuran “en la
constelación actual de la familia”, por lo que no se ha dado una ruptura de los vínculos
familiares emocionales. Sin embargo, debido a que no tienen su cuerpo, no han podido
hacer una ceremonia especial para honrar a Efraín Bámaca Velásquez. La importancia
de recuperar sus restos mortales se halla en “poder rendir respeto a Efraín, para tenerlo
cerca y para devolverlo o llevarlo a convivir con los antepasados”, así como para que las
nuevas generaciones puedan compartir y aprender de lo que fue su vida, como es
tradición en su cultura indígena. Además, el identificar y sancionar penalmente a los
responsables de las violaciones cometidas resulta necesario para el proceso psicológico
de aceptación de la pérdida del familiar.
En su criterio profesional, sería recomendable que los familiares y la señora Harbury
contaran con un tratamiento psicológico profesional, lo cual ayudaría en su proceso de
recuperación.
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