12 En este tipo de situaciones, el dolor no se pierde nunca, y a pesar del transcurso del tiempo “cualquier mínima cosa que recuerde al desaparecido, o al hecho o las circunstancias es suficiente para descargar de nuevo absolutamente todo el sufrimiento previo”. Cuando los familiares conocen que la persona está siendo objeto de torturas, padecen “un sufrimiento que es incluso mayor al real de la tortura física”, por tratarse de tortura psicológica de duración prolongada. La posibilidad de que el detenido sea sometido a torturas, es “un sufrimiento insoportable para las personas que lo saben”, y aunque puede resultar menos doloroso el presuponer que aquél ha muerto, ello constituye un pensamiento inaceptable, pues “al pensarlo muerto [se lo está] matando”, entonces se vuelve a considerar que el detenido se encuentra con vida, lo cual implica que está siendo torturado, y esto genera “un círculo vicioso de pensamientos torturantes”. En relación con Jennifer Harbury, pudo constatar que la desaparición de su esposo le ha afectado profundamente su estado psicológico. Cuando se enteró que algo le había sucedido a Efraín Bámaca Velásquez, el nivel de dolor emocional, tensión general y ansiedad fue extremado, al punto de tener repercusiones en su propio físico, como dolores musculares o problemas gástricos. Algunas de las secuelas, como la retención de imágenes vívidas, el insomnio -causado por el deseo de no dormir y así no tener pesadillas-, una profunda depresión y fatiga, y la “imposibilidad de sentirse contenta, de disfrutar de cosas que en el pasado ella disfrutaba mucho”, permanecen hasta la fecha, en lo que conforma una sintomatología denominada desorden post-traumático. Asimismo, cuando se enteró que Efraín Bámaca Velásquez había muerto, desarrolló “una depresión bastante considerable y preocupante”. Hoy en día, la señora Harbury siente un remordimiento de que pudo haber hecho algo más en relación a la búsqueda de su esposo, aunque eso no sea verdad. Con respecto a las hermanas de Efraín Bámaca Velásquez, ellas guardan un sentimiento de impotencia y un gran pesar, y mantienen el deseo y la esperanza de que el señor Bámaca Velásquez aparezca. Además, aunque tienen conocimiento que su hermano está muerto, “todavía hay un resto de duda, porque no tienen los restos”, no han visto su cuerpo muerto. Los lazos familiares afectivos son muy estrechos en la familia Bámaca Velásquez, particularmente por pertenecer a una cultura indígena en que existe mucha cohesión en la familia. Inclusive los miembros del grupo ya fallecidos todavía figuran “en la constelación actual de la familia”, por lo que no se ha dado una ruptura de los vínculos familiares emocionales. Sin embargo, debido a que no tienen su cuerpo, no han podido hacer una ceremonia especial para honrar a Efraín Bámaca Velásquez. La importancia de recuperar sus restos mortales se halla en “poder rendir respeto a Efraín, para tenerlo cerca y para devolverlo o llevarlo a convivir con los antepasados”, así como para que las nuevas generaciones puedan compartir y aprender de lo que fue su vida, como es tradición en su cultura indígena. Además, el identificar y sancionar penalmente a los responsables de las violaciones cometidas resulta necesario para el proceso psicológico de aceptación de la pérdida del familiar. En su criterio profesional, sería recomendable que los familiares y la señora Harbury contaran con un tratamiento psicológico profesional, lo cual ayudaría en su proceso de recuperación. *

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