50 niños. En muchos casos esta práctica incluyó que se les cambiara el nombre y se les negara su identidad, y en algunos casos estas sustracciones y retenciones ilegales eran perpetradas por los propios militares que habían participado en las masacres172. 171. El informe de la CEH, Guatemala: Memoria del Silencio señaló en este sentido que: [d]espués de masacres u operaciones de tierra arrasada, muchos niños que ya podían valerse por sí mismos fueron llevados por los militares, comisionados militares o patrulleros para ser sometidos a condición servil en sus casas o en las de otras familias. Algunos de estos niños se vieron sometidos a situaciones de explotación y abuso sistemático […] Según los testimonios recibidos por la CEH, los niños debían realizar trabajos domésticos o diversas tareas que les encargaban en las casas donde se encontraban. Sufrieron todo tipo de maltrato físico y psicológico. Estos niños sufrieron, conjuntamente con la violación de su derecho a la libertad individual, la vulneración de todos sus derechos humanos, pues por las condiciones de servidumbre a la que fueron sometidos también se afectaron su integridad física y psicológica, se les mantuvo en una situación de explotación económica, abuso y permanente miedo. Igualmente se vulneró su derecho a su identidad y a desarrollarse dentro de su propia familia y comunidad. En algunos casos se les cambió de nombres y se negó el origen de su familia o se estigmatizó a la misma173. 172. También el Informe Guatemala Nunca Más del Proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (en adelante “REMHI, Guatemala Nunca Más”) indicó que “[a]parecen algunos casos de niños que fueron separados de sus familias o comunidades, secuestrados y adoptados de forma fraudulenta por algunos de los victimarios de sus familias. Esta práctica les ha condenado a vivir con los asesinos de sus familiares”174. 173. El mismo informe cita declaraciones del General Héctor Gramajo175 publicado en el periódico guatemalteco “Prensa Libre” del 6 de abril de 1989, según las cuales, cuando era ministro de Defensa, esa práctica fue frecuente en algunos momentos, por lo que afectó a muchos niños y niñas. Según el General Gramajo “[m]uchas de las familias de oficiales del Ejército han crecido con la [‘]adopción[’] de niños víctimas de la violencia, pues en determinados momentos se volvió moda en las filas del Ejército hacerse cargo de pequeños de 3 o 4 años […]”176. 174. El Informe Hasta Encontrarte, Niñez Desaparecida Por el Conflicto Armado Interno en Guatemala de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala177 (en adelante “ODHAG, Hasta Encontrarte”) resalta la problemática de los niños y niñas desaparecidos como consecuencia de dicho conflicto, y señala que “del total de casos de niñez desaparecida documentada en el proceso investigativo, un 69% fueron llevados después de la captura a diferentes unidades militares” y reseña varios “casos donde un miembro del Ejército se llevó a un niño/a, […] después de que el Ejército masacrara su comunidad”178. El informe establece que 172 Cfr. Dictamen pericial del perito Marco Antonio Garavito Fernández, supra nota 171, f. 604; ODHAG, REMHI, Guatemala Nunca Más, supra nota 171, fs. 10019 y 10020; ODHAG, Hasta Encontrarte, supra nota 171, f. 11063). 173 CEH, Guatemala: Memoria del Silencio, supra nota 6, Volumen III, Violencia contra la niñez, pág. 71 y 72. 174 REMHI, Guatemala Nunca Más, supra nota 171, f. 10020. 175 El General Héctor Gramajo se desempeñó como Ministro de Defensa durante el Gobierno de Vinicio Cerezo Arévalo de 1985 a 1990. 176 REMHI, Guatemala Nunca Más, supra nota 171, f. 10020. 177 ODHAG, Hasta Encontrarte, supra nota 171, fs. 10042 y 10995. 178 ODHAG, Hasta Encontrarte, supra nota 171, fs. 11042 y 11043.

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