171. De igual modo, de la prueba presentada se desprenden situaciones específicas que
ilustran de manera especial la forma en que se vieron afectadas algunas de las víctimas
sobrevivientes. La señora Rufina Amaya declaró que desde el lugar en el que logró
esconderse alcanzó a escuchar “los gritos de los niños que los estaban matando”, y entre
ellos “distinguió los gritos de sus hijos que decían: ‘Mamá Rufina, nos están matando, nos
están [a]horcando, nos están metiendo el cuchillo’ […] después se dio cuenta que los habían
matado”223. El señor Juan Bautista Márquez Argueta explicó que en el lugar en el que estaba
escondido con su familia cayeron “varias bombas, las que afectaron a su menor hijo de dos
meses de nombre Jesús Salvador, pues debido a los estallidos, es decir el ruido de las
bombas se puso mal y falleció al día siguiente, [y] cuyo cadáver tuvieron que andar por dos
días, pues no podían enterrarlo”224. El señor Juan Antonio Pereira Vigil señaló que optó por
“salir de la casa y se ocultó como a media cuadra entre un cultivo de henequén, siendo visto
por los efectivos del batallón Atlacatl, por lo que […] rod[ó] entre los cultivos, y desde ahí
pudo observar como los soldados ingresaron a su vivienda y sacaron a sus familiares[,] los
formaron en grupos y luego escuchó la balacera y el estallido de granadas […,más tarde]
procedieron a enterrar los restos de sus familiares”225. Los señores Rosendo Hernández
Amaya226 y Domingo Vigil Amaya227 manifestaron, respectivamente, que el 13 de diciembre
de 1981 salieron de sus casas a las siete y ocho de la mañana para trabajar en sus cultivos
dejando en casa a sus esposas e hijos, pasadas las ocho de la mañana escucharon disparos
y vieron una gran humazón en dirección de sus respectivas casas, escondiéndose por
miedo. Posteriormente, regresaron a sus casas encontrando a sus esposas e hijos muertos a
los que sepultaron. Por su parte, el señor Rosendo Hernández Amaya no logró encontrar a
uno de sus hijos. El señor Alejandro Hernández Argueta relató que a los 11 años de edad
vivía en el caserío Jocote Amarillo cuando sucedió la masacre, y que logró sobrevivir pues al
percibir que la tropa llegó su mamá le dijo que saliera junto con su hermano, a quien perdió
al intentar regresar a la casa. Después que pasó todo el movimiento de la tropa buscó a su
mamá y al no encontrarla se fue para la casa, la cual ya “estaba prendida en llamas [pues]
a todas las casas le habían puesto fuego”. Finalmente, “halló tres hermanos suyos muertos,
cuando los halló, le habló a su hermano mayor, Santos, pero no le respondió, y a un lado
estaba su hermanito menor que tenía como cuatro meses, y él, lo que hizo fue levantarlo
pero él ya estaba tieso […]. Salió corriendo y se fue llorando”. Después se quedó esperando
quien llegaba a la casa y como a eso de las siete de la noche llegó su papá; “él se alegró
porque no hallaba con quien andar porque no es igual andar con la familia que andar con
otra gente”. A la mañana siguiente su papá se fue a enterrar a sus familiares y “él halló a su
mamá más debajo de la casa, abajito de donde estaban sus hermanos” 228.
223
Declaración jurada rendida por Rufina Amaya ante la Oficina de Tutela Legal del Arzobispado el 10 de
octubre de 1990 (expediente de prueba, tomo II, anexo 20 al sometimiento del caso, folio 1576). Ver también,
Declaración de testigo rendida por Rufina Amaya ante el Juzgado Segundo de Primera Instancia de San Francisco
Gotera el 30 de octubre de 1990 (expediente de prueba, tomo III, anexo 23 al sometimiento del caso, folio 1662).
224
Declaración rendida ante fedatario público (affidávit) por Juan Bautista Márquez Argueta el 1 de abril de
2012 (expediente de prueba, tomo XVII, affidávits, folio 10276).
225
Declaración rendida ante fedatario público (affidávit) por Juan Antonio Pereira Vigil el 2 de abril de 2012
(expediente de prueba, tomo XVII, affidávits, folio 10289).
226
Cfr. Declaración de testigo rendida por Rosendo Hernández Amaya ante el Juzgado Segundo de Primera
Instancia de San Francisco Gotera el 29 de julio de 1992 (expediente de prueba, tomo III, anexo 23 al
sometimiento del caso, folios 2300 a 2301).
227
Cfr. Declaración de testigo rendida por Domingo Vigil Amaya ante el Juzgado Segundo de Primera
Instancia de San Francisco Gotera el 29 de julio enero de 1992 (expediente de prueba, tomo III, anexo 23 al
sometimiento del caso, folios 2301 a 2302).
228
Declaración jurada rendida por Alejandro Hernández Argueta ante la Oficina de Tutela Legal del
Arzobispado el 3 de agosto de 2011 (expediente de prueba, tomo VIII, anexo 3 al escrito de solicitudes,
argumentos y pruebas, folios 5573 a 5574).
65
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