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A fines de 1998, de una población de 338 internos, el 60% participó en la escuela, el
12% en el desarrollo de los oficios y el 28% en otras actividades tales como cocina y
limpieza.
Además de coordinar la enseñanza de los internos, desde 1995 también coordinó
talleres de capacitación para los voluntarios y funcionarios del Instituto. A partir de
1998 algunos internos participaron en dichos talleres. Conoce a muchos ex internos
que han logrado reinsertarse en la sociedad y que en la actualidad realizan distintos
tipos de actividades.
Un avance fundamental en el Instituto fue que cada interno tenía la posibilidad de
progresar en sus estudios y capacitarse. Asimismo, había más capacitación para los
funcionarios y voluntarios del Instituto para que comprendieran mejor la complejidad
del proceso de rehabilitación de los internos.
Por tanto, desde 1993 hasta el 2000 hubo un cambio notable en la parte educativa,
en el comportamiento de los internos y en el trato que ellos recibieron. Sin
embargo, el problema principal era el rechazo total por parte de la sociedad.
Sigue trabajando con adolescentes infractores en Itauguá. Asimismo, asiste a las
familias de los internos y ex internos en la oficina de la pastoral de adolescentes
infractores en el Seminario Metropolitano de Asunción.
g) Testimonios de Inés Ramona Bogarín Peralta, funcionaria del Ministerio
de Justicia y Trabajo
La señora Inés Ramona Bogarín Peralta, funcionaria del Estado, rindió su testimonio
respecto del funcionamiento del Centro Educativo La Esperanza.
h) Testimonio de Mirtha Isabel Herreras Fleitas, psicóloga y funcionaria del
Ministerio de Justicia y Trabajo
El Instituto servía como una escuela de aprendizaje para abandonar totalmente su
“opción conductual” o adaptarla para sobrevivir.
Sin embargo, el personal
especializado no era suficiente. La institución no disponía de los medios necesarios
para cumplir con sus tareas.
Los rasgos generales de las personalidades de estos jóvenes internos eran los
siguientes: conflictos familiares en todas su dimensiones, contacto con
estupefacientes desde temprana edad (8 años en adelante), desarraigo familiar,
antecedentes familiares de conflicto con la ley, agresividad intra y extrapunitiva,
angustia, depresión, intento de suicidios, psicosis y experiencias delictivas previas a
su detención.
No existía una política deliberada de violencia en el trato de los jóvenes. Ante las
situaciones de violencia, las autoridades escuchaban y tomaban una actitud de
prevención de tales situaciones. De hecho, en varias ocasiones ha presenciado
amonestaciones de la Dirección al personal en relación con los maltratos y hechos
violentos hacia los internos. Sin embargo, existía una debilidad organizacional de la
institución.