46.
Posteriormente, el Estado informó que a partir del año 2006 las personas que eran atendidas
por Médicos Sin Fronteras estaban siendo traspasadas a los fondos del Ministerio de Salud. Indicó que la
permanencia de Médicos Sin Fronteras respondía a una planificación consensuada con dicho Ministerio.
47.
Señaló que para el año 2006 el presupuesto asignado para el Programa Nacional de SIDA se
incrementó de 10 millones a 20 millones de quetzales. Indicó que “este incremento muestra no sólo una
buena voluntad, sino una acción concreta de compromiso financiero en mejorar, descentralizar y fortalecer
las acciones tanto de prevención como de atención en el país”.
48.
En relación con las presuntas víctimas, el Estado informó que entre los años 2006 y 2007
fueron transferidas a las unidades de atención públicas a fin de continuar con su tratamiento. Reconoció que
en un primer momento existió un desabastecimiento de algunos medicamentos pero que se crearon
estrategias para remediar la situación. Asimismo, reconoció que luego de la transferencia de pacientes, las
personas debían ir a la ciudad de Guatemala para recibir su tratamiento. Indicó que eventualmente se crearon
unidades en distintas zonas del país a fin de brindar el servicio de atención a las personas con VIH/SIDA.
49.
Asimismo, señaló que cuenta con el apoyo del proyecto del Fondo Mundial “Intensificación
de las acciones de prevención y atención integral del VIH/SIDA en grupos vulnerables y otras áreas
prioritarias de Guatemala”. Sostuvo que a partir de ello se ha aumentado la cobertura de atención y
tratamiento de las personas con VIH/SIDA en el país. Indicó que a partir de los años 2006 y 2007 se está
cubriendo a todas las personas que viven con VIH/SIDA que cumplen con los criterios clínicos para iniciar
tratamiento antirretroviral y que acuden a las clínicas de atención.
50.
En su escrito de febrero de 2012 el Estado presentó información individualizada sobre el
tratamiento seguido a la mayoría de las presuntas víctimas, en particular las citas programadas y las visitas
efectuadas. Señaló que “a pesar de las dificultades encontradas para compra y suministro de
antirretrovirales” las presuntas víctimas no han dejado de recibir tratamiento. Agregó en su escrito de
noviembre de 2012 que las presuntas víctimas reciben medicamento antirretroviral así como los servicios,
análisis y controles que demanda la infección que padecen.
51.
Respecto de las presuntas víctimas sobre las cuales no presentó información, el Estado
indicó que las unidades donde son atendidas se negaron a informar cómo se les brinda atención
argumentando la confidencialidad de los casos. Sostuvo que uno de los peticionarios, el doctor Arathoon, es el
titular de la clínica familiar “Luis Angel García/Hospital General San Juan de Dios”, centro donde tres
presuntas víctimas reciben atención y que no han enviado información bajo el argumento de la
confidencialidad de los registros.
52.
Asimismo, sostuvo en su escrito de noviembre de 2012 que existen casos de presuntas
víctimas que no habrían acudido a sus citas en los centros de salud. Agregó que algunas de las presuntas
víctimas son irregulares en la asistencia a las citas que se programan, perjudicando su estado de salud, “lo que
en definitiva escapa a la voluntad del Estado de prestar los servicios e insumos médicos de forma oportuna”.
53.
Frente a la información de los peticionarios sobre la falta de atención adecuada a las
presuntas víctimas así como sobre el deterioro de su estado de salud, el Estado indicó que se debe verificar
dicha información “ya que no evidencia la fuente ni el estado de salud en la última fecha en que los pacientes
infectados por el VIH/SIDA visitaron el servicio de salud”. Añadió que “si bien es cierto en el curso de la
infección se habrán pasado dificultades, lo importante en este caso y a lo largo de estos 6 años es el bienestar
actual de cada persona como consecuencia de la atención brindada”.
54.
En relación con la muerte de ocho presuntas víctimas, el Estado sostuvo que “no hay
evidencia clara que se haya debido a la no disponibilidad de brindarles tratamiento antirretroviral por parte
del Ministerio de Salud, ya que en algunos cursaban una infección oportunista”. Sostuvo que deberá verificar
si las muertes se debieron a la falta de atención y tratamiento de parte del Estado, a circunstancias ajenas a la
infección o como consecuencia de la negativa a buscar la atención necesaria. Sobre este último punto indicó
que en los registros de los centros de atención aparece que algunas personas abandonaron su tratamiento.
8