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debido a las condiciones físicas del mismo, los niños sufrían determinadas
deprivaciones como la higiene y la alimentación inadecuada, así como otras cosas
relacionadas con el diario vivir. Al respecto, los niños expresaron, prácticamente de
forma unánime, que en el Instituto vivían “como animales”. El impacto emocional y
psicológico de dicha condición es severo porque los niños se sentían humillados y
degradados en el trato diario. El segundo escenario se refiere al uso de castigos
corporales que, según los testimonios de los niños, eran arbitrarios y excesivos. Los
castigos corporales se extendían a torturas y, por razones mínimas, eran llevados a
una sala especial en donde eran torturados. Esto es posiblemente la expresión
máxima del maltrato que recibían a diario los niños.
El aislamiento como método de castigo sobre un adolescente es inadmisible,
devastante e impensable. El aislamiento es un castigo que no produce ninguna
modificación de la conducta que se quiere castigar. El menor no va a mejorar
porque se le castigue de esa manera cruel. Se lo deja solo con sus propios
pensamientos, con su propia rabia, con su propia indefensión, con la imposibilidad de
hacer nada, simplemente aguantando y ese es el momento en que puede
“psicotizarse”. Si esos niños no llegaron a ese extremo es porque en algún momento
de su vida sus madres o padres deben haberles proporcionado la estructura básica
de la personalidad que impidió una ruptura psicótica en ellos.
La tortura es “la negación más flagrante de la esencia humana […], es la máxima
corrupción humana.” La tortura produce efectos a largo plazo que si no son tratados
puede traer consecuencias en la salud mental. Dichas consecuencias son más
profundas en niños o adolescentes por la vulnerabilidad de su psiquismo, y por no
tener la madurez suficiente en su personalidad y en sus mecanismos de defensa para
poder resistir a la tortura. Otro de los efectos importantes que la tortura produce en
los niños es que se crea una desconfianza con el mundo adulto y terminan
desvalorizándose a sí mismos. Algunos menores manifestaron que a veces tenían
ideas suicidas.
Un sentimiento común es la impotencia frente a semejantes condiciones de vida,
frente al constante temor a la violencia y a la indefensión. La única alternativa que
tenían los internos era aguantar lo que sucedía sin poder responder.
Ello
desestabiliza el equilibrio psíquico y se afecta el funcionamiento de las funciones
psíquicas como el procesar conocimientos y el uso del razonamiento, y afecta
también la capacidad de concentración y estudio.
El ambiente descrito por los niños que vivieron en el Instituto es un ambiente
“psicotizante”. Los niños deben emplear toda su energía psíquica en prevenir su
desintegración psíquica. Este ambiente “genera psicópatas”. El ambiente se ve
marcado por el uso de violencia y por el aprendizaje de violencia.
No hay
ofrecimiento de contextos diferentes en los que ellos puedan experimentar otro tipo
de cosas.
Estas experiencias no se borran, ya que permanecen en la memoria. Se puede
calificar o describir esta situación como una situación de trauma prolongado y
complejo, es decir, no es uno sino múltiples eventos traumáticos. Vivían en una
situación de terror y “la única comparación con situaciones similares puede ser con
los campos de concentración o sociedades que están en guerra, en donde la violencia
y el peligro de violencia son constantes, y viven con el temor de que en cualquier
momento puedan ser atacados.”
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